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AYUNTAMIENTO
Plaza Mayor 1
TELEFONOS
967 29 50 51
C.P 02640
E-MAIL
ayna@dipualba.es
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Las fiestas patronales de Ayna tienen
lugar del 4 al 8 de Septiembre. Su celebración
trasciende fronteras y mucha gente busca cualquier excusa
para visitarnos los días que se celebran las
carreras ante los morlacos (los días 5, 6 y 7
de septiembre).Un hecho incuestionable es la importancia
que este evento tiene dentro de las fiestas. Nadie es
capaz de concebir unas fiestas sin encierros.
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La belleza de los encierros en Ayna
parte con una ventaja, como es la orografía del
terreno. El valle de Ayna y sus calles, en continuo
descenso hasta la plaza, salvo en algún pequeño
tramo, permiten vistas muy hermosas de esta tradición.
Comienza el encierro muy pronto, después de disfrutar
de la tradicional diana y habiendo almorzado en las
cercanías del corral de la Salobre, situados
a pocos kilómetros del pueblo, sobre la nueve
y media de la mañana, las reses que se van a
correr ese día salen por el campo, acompañadas
de cabestros y mayorales, además de un nutrido
grupo de valientes que siguen a pie a los astados. Cuando
el grupo llega al Mirador, una sirena avisa a propios
y extraños de que la carrera está a punto
de comenzar. Éste es uno de los momentos más
bonitos, puesto que se pueden ver a los astados ir bajando,
poco a poco, algunas veces, o rápidamente, las
más, hasta el inicio de la carrera, situado,
extraoficialmente, en la Rodea Grande. Las curvas del
Matadero, Michelín o el Cruce, son, también,
momentos muy emotivos y de peligro del encierro, que
son seguidos con pasión por espectadores y corredores.
Una vez en el casco urbano, la carrera sigue teniendo
su belleza, aunque sólo sea para los que están
situados, estratégicamente, en alguno de los
tramos de la misma. Llegados a la plaza, corredores
y espectadores se congratulan de que la Virgen de lo
Alto haya guardado a todos de cualquier percance.
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A mediodía, y después
de una buena comida, acompañada de buen vino,
la banda llama a todos a ver el festejo taurino, que
se celebra en la Plaza Mayor, preparada con talanqueras
y barreras, para que todo el mundo pueda ver el espectáculo
sin correr ningún riesgo. Todavía se recuerda
que, no hace mucho, toreros vestidos con traje de luces
eran los que lidiaban las reses corridas esa misma mañana,
aunque, en la actualidad, ese trabajo lo realizan jóvenes
novilleros contratados por el Ayuntamiento.
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Y, después del festejo taurino,
cena y al baile en la pista de La Toba. Grupos, orquestas,
dúos y un largo etcétera de artistas animan
al pueblo durante estos días a seguir el ritmo
de sus canciones, todo ello con la mezcla de colores
y de disfraces que conforman todas y cada una de las
peñas. Y así hasta que, alguien, quizás
desconsolado, canta un Pobre de mí
tan particular, que a nadie se le escapa que tiene que
volver el año que viene para decir que se lo
ha perdido.
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Estas fiestas Patronales se celebran
en honor a Ntra. Sra. de lo Alto, patrona del pueblo.
Su día grande es el día 8, en el que se
celebra una misa multitudinaria y una procesión
por las principales calles del municipio. En este momento,
se le agradece lo bueno que ha sucedido durante el año
transcurrido y se le pide que continúe así
otro año más, o, como dice el refrán
Virgencita, que me quede como estoy. La
tarde del día 8, se reserva para los niños
que disfrutan en la Plaza Mayor participando en los
juegos populares organizados. Pero no nos podíamos
olvidar del homenaje a las personas mayores que siempre
nos aportan su experiencia en la vida.
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Otros momentos de reunión
para los lugareños son las fiestas del Santo
Cristo, el primer domingo de mayo. Sus orígenes
se remontan al Día de la Cruz, fiesta que se
celebraba para rogar a Dios por las cosechas, cuando
se oficiaba una misa en la puerta de la Ermita del Santo
Cristo de las Cabrillas, (pues sus reducidas dimensiones
impiden que dentro estén más de dos o
tres personas) y, a continuación, se realizaba
una procesión, con una cruz adornada totalmente
de flores hasta las cercanías del actual Hotel
Felipe II. Una vez allí, se bañaba la
cruz en una pequeña charca que formaba el agua
que nace en La Toba. En su regreso a la capilla, las
gentes que acudían a la procesión le quitaban
las flores, pues eran tenidas por milagrosas. Todavía
se sigue realizando una misa en la puerta de la ermita
para celebrar este día, pero se ha trasladado
al primer domingo de mayo para que puedan asistir los
ayniegos que viven fuera del pueblo.
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Otra fiesta con importancia en la
actualidad es la del Bolo, celebrada el día de
Santa Lucía. Ese día, al anochecer las
calles del municipio se adornan de enormes hogueras,
de romero verde recogido durante la tarde en el campo,
en las que los lugareños se reúnen, e
incluso, hay algún valiente que osa cruzar el
fuego, como elemento purificador.
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Si rica es su tradición festera,
más rica sería si no se hubieran perdido
otras tradiciones que, con el paso del tiempo, se han
ido olvidando. Por lo menos en la práctica, porque
muchos todavía recuerdan lo que se denominaban
Los mayos, que, como su nombre indica, se
celebra en el quinto mes del año. Durante este
tiempo, los mozos del pueblo cantaban a las mozas estas
canciones, quizás como reclamo, quizás
como forma de resaltar su belleza natural. Y muchas,
y muchas más, que, algunos recuerdan, y otros
han dejado en el balcón de los recuerdos.
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