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AYUNTAMIENTO
Plaza Mayor 1
TELEFONOS
967 29 50 51
C.P 02640
E-MAIL
ayna@dipualba.es
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La belleza de los encierros en Ayna
parte con una ventaja, como es la orografía del
terreno. El valle de Ayna y sus calles, en continuo
descenso hasta la plaza, salvo en algún pequeño
tramo, permiten vistas muy hermosas de esta tradición.
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Comienza el encierro muy pronto, después
de disfrutar de la tradicional diana y habiendo almorzado
en las cercanías del corral de la Salobre, situados
a pocos kilómetros del pueblo, sobre las nueve
y media de la mañana, las reses que se van a
correr ese día salen por el campo, acompañadas
de cabestros y mayorales, además de un nutrido
grupo de valientes que siguen a pie a los astados. Cuando
el grupo llega al Mirador, una sirena avisa a propios
y extraños de que la carrera está a punto
de comenzar. Éste es uno de los momentos más
bonitos, puesto que se pueden ver a los astados ir bajando,
poco a poco, algunas veces, o rápidamente, las
más, hasta el inicio de la carrera, situado,
extraoficialmente, en la Rodea Grande.
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Las curvas del Matadero, Michelín
o el Cruce, son, también, momentos muy emotivos
y de peligro del encierro, que son seguidos con pasión
por espectadores y corredores. Una vez en el casco urbano,
la carrera sigue teniendo su belleza, aunque sólo
sea para los que están situados, estratégicamente,
en alguno de los tramos de la misma. Llegados a la plaza,
corredores y espectadores se congratulan de que la Virgen
de lo Alto haya guardado a todos de cualquier percance.
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A mediodía, y después
de una buena comida, acompañada de buen vino,
la banda llama a todos a ver el festejo taurino, que
se celebra en la Plaza Mayor, preparada con talanqueras
y barreras, para que todo el mundo pueda ver el espectáculo
sin correr ningún riesgo. Todavía se recuerda
que, no hace mucho, toreros vestidos con traje de luces
eran los que lidiaban las reses corridas esa misma mañana,
aunque, en la actualidad, ese trabajo lo realizan jóvenes
novilleros contratados por el Ayuntamiento.
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Y, después del festejo taurino,
cena y al baile en la pista de La Toba. Grupos, orquestas,
dúos y un largo etcétera de artistas animan
al pueblo durante estos días a seguir el ritmo
de sus canciones, todo ello con la mezcla de colores
y de disfraces que conforman todas y cada una de las
peñas. Y así hasta que, alguien, quizás
desconsolado, canta un Pobre de mí
tan particular, que a nadie se le escapa que tiene que
volver el año que viene para decir que se lo
ha perdido.
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