En el siglo XVI, Villaverde
se apellidaba de Ambas Aguas, por la existencia en el término
de dos ríos, "uno con agua muy delicada y otro con agua muy gruesa".
Cien años antes, este pueblo se convertía en una de las cinco villas de los Manrique.
No podría llamarse de otro modo este pueblo que
posee y concede la tranquilidad de las zonas remotas. Rodeada de altos montes, donde crece
el pino, merodea el olivo y da su fruto el nogal, en Villaverde salta la trucha en pleno
casco urbano, a la sombra de los chopos del Guadalimar. |