Durante el siglo XIX, es en 1.877
cuando consigue su máximo recuento censal, con 2721
habitantes. A comienzos del siglo XX se cuenta con 2.755
habitantes. Desde entonces las alteraciones demográficas
en este municipio vienen siendo muy acusadas, con clara
tendencia a un despoblamiento rápido. De 1900 a 1920 el
municipio pierde 511 habitantes, sin embargo este notable
descenso queda casi corregido en la década de los años
veinte, registrando en los años posteriores una
importante reactivación demográfica, llegando en 1940 a
3.063 habitantes.
A partir de este año, el municipio
se convierte en un foco de clara y fuerte emigración.
Las salidas se multiplican a finales del decenio
1950-1960; después de 1960 el éxodo es masivo. De los
3.063 habitantes registrados en 1940 se pasa a 1731 en
1970 y a 1398 en 1995.
La escasez de recursos, el deseo de
promoción social y profesional, la mediocridad de los
servicios rurales y una serie de motivaciones personales
mueven al campesino a abandonar su lugar de origen.
Las consecuencias de la emigración
sobre la estructura de la población se constatan en la
importante merma de los efectivos poblaciones, el rápido
envejecimiento de la población y la consiguiente
reducción de la natalidad, la modificación de la sex
ratio y la alteración en la composición
socioprofesional.
La distribución de la población
en un municipio serrano como el de Riópar dista mucho de
ser homogénea. Más de la mitad de los habitantes se
concentran en la capital municipal; el resto se halla
diseminado por una docena de aldeas o caseríos.
Unicamente La Casa de la Noguera llega al centenar de
habitantes. La generalizada emigración de las últimas
décadas se ha cebado particularmente en estos caseríos,
de tal manera que todos ellos han perdido casi la mitad o
más de su población en el intercensal 1960-1970. Este
despoblamiento de los caseríos no ha hecho más que
acentuarse en los últimos años.
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