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El río de Povedilla -de
aguas rojas- parten en dos este término que linda al oeste con Ciudad Real. Cruzando los
carrizoa de este cauce se entra en el pueblo, desde el desvío da la nacional 322, entre
rosales y baladres que adornan las fachadas blancas de encementados zócalos. De Povedilla son las exquisitas gachas que llaman
bayoneto, y los andrajos con morcilla, que hacen de paladearse con cierta parsimonia.
Rodeados de montes redondos, los ciruelos ofrecen sus
frutos de todos los colores allá donde el olivo, omnipresente, deja algún espacio. El
conejo y la perdiz merodean por estos campos bendecidos por el frescor de los chopos
esbeltos y las higueras de ribera.
El concejo de Alcaraz
ordenó la demolición de la fortaleza de Povedilla a mediados del siglo
XV, tras un frustrado intento de emancipación municipal, hecho que se refleja en el
escudo de esta villa que hoy ronda los 800 habitantes. |