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LA BODEGA DE BLAS CANO.
(1860-1970)

     Blas Cano García fundó esta bodega en el año 1860, fecha que aparecía escrita en una de sus paredes. Esta bodega estaba situada en el Camino de la Cruz.

     Su nieto Blas Cano Aparicio (1916) nos relata el año 2001 en su trabajo “VINOS, UVAS, VIÑAS Y BODEGAS" como era esta bodega, por su interés lo copiamos íntegramente:

     Por último la de mi abuelo, Blas Cano García, fundada en 1860 fecha que figura en una de sus paredes. Situada en el Camino de la Cruz. Desde la cual vino elaborando. Contaba con una báscula para pesar los carros sin la caballería y otra para pesar capazos y "pipas", piqueras para la descarga de uvas, una estrujadora de dos cilindros movida a mano para trituración de uvas, tres trullos , tapados con tablones de madera encima de los cuales se efectuaba la "pisa". Con la pasta que salía de la estrujadora se hacía una capa encima de los tablones de los trullos, que los trabajadores iban pisando con un calzado llamado alborgas, que se confeccionaban con relincho de esparto picado para la suela y un trenzado de guíta fina también de esta fibra, para las caras, eran de fabricación casera.

     Esta operación de pisado había que hacerla levantando el pie y dejándolo caer con energía y al tocar con la pasta había que girarlo para restregar esta sobre las tablas esto tenía por objeto el que los orujos de las uvas soltaran el color al mosto; la labor la realizaban 20 o más personas a unísono, dirigidas por un mayoral, a la sazón Pedro Cantos "Alpeduque" al que siendo niño recuerdo oírle decir "atención a la pisada" y de vez en cuando "MÁS FUERTE, QUE NO SE OYE " Esta faena solían hacerla con las manos cogidas a la espalda y algún que otro se destapaba cantando, resaltando un hecho que a mí me parecía singular, ya que el "run run" de las pisadas parecía el acompañamiento de la canción. La capa de orujo que quedaba encima de las tablas se echaba al interior del trullo para que se mezclara con el mosto que salía del estrujado y del pisado, no podían llenarse por completo ya que al fermentar el mosto aumentaba el volumen de esta masa.

     Cuando la masa había hecho la fermentación tumultuosa, se abría la tapa del trullo y el vino caía a la pileta, quedando los orujos y raspajos en el trullo. Este casi vino se trasladaba mediante una bomba accionada a mano, a uno de los cuatro conos de madera que tenían una capacidad de 3000 arrobas, donde terminaba la llamada fermentación lenta.

     Estos trullos tenían unas tapas en su parte inferior para su vaciado que los comunicaban con una pileta más profunda, se llenaban con el mosto que salía de la estrujadora y con las del pisado, no podían llenarse por completo ya que al fermentar el mosto aumentaba el volumen; cuando esto sucedía era preciso hacer unos bazuqueos, estos consistían en ir sumergiendo la costra que se formaba en la parte superior, se hacía con unos rastros, formados por una tabla con un mango largo de madera, a los que varios operarios colocaban estos encima de la costra y la empujaban hacia abajo, esta operación era muy pesada, sustituyendo los rastros por escaleras de madera con lo que se hizo menos dura esta labor. Cuando la masa en fermentación le quedaba poco azúcar o glucosa se abría la tapa del trullo y el vino caía a la pileta, quedándose en él los orujos y raspajos; que después eran prensados primero en una prensa de jaula y después en otra de cojinetas, que sé a descrito anteriormente; el vino de la pileta y el de las prensas, era transportado por una bomba de mano a los conos en los que terminaba la fermentación; pasado un cierto tiempo y cuando los fríos habían hecho su aparición se trasegaba para quitarle los posos llamados heces. El caldo resultante de estas operaciones se denominaba vino tinto.

     Había otra variante que consistía en lo siguiente, cuando el trullo se encontraba lleno, se aflojaba la tapa para salir el mosto, el cual era bombeado a un cono donde fermentaba, saliendo así el vino clarete. El vacío quedado en el trullo, era rellenado con uva estrujada y pisada con lo que todo junto fermentaba, ejecutándose las operaciones antes reseñadas y su resultado era un tinto llamado "doble pasta"

     El contenido de glucosa o sea de dulce de los mostos se medía por un densímetro al que se denominaba pesamostos que contenía una escala valorada en grados que más o menos correspondía a los de alcohol del vino después de la fermentación.

     La salida de los vinos se hacía en bocoides, o sea pipas que eran transportados a la estación de Bonete, en carros especialmente preparados para transportar estas pipas, tirados por dos animales, el último y reciente huso de este tipo de carro es para los ""quintos" y es el único superviviente. Entre los vecinos que poseían vehículo para el transporte de vino se encontraban los hermanos David y Cosme López, Pedro Navalón y un tal Colmenero. Ya en la estación y por medio de una bomba, se cargaba en los fudres, una especie de ovoide pero de mas capacidad que iba dentro de un vagón. Desde la estación se expedían con destino a exportadores de Valencia. También mi abuelo poseía una fábrica de alcohol vínico ubicada junto al matadero municipal hoy propiedad de mi primo Blas Cano Serrano, en ella destilaban los vinos que bien tendían a acidarse o que no era rentable su venta los a los exportadores. Esta fábrica hacia alcoholes de 95 grados y estuvo trabajando hasta finales de los años veinte. Época en que se desguazó debido a los problemas de las inspecciones de Hacienda, que periódicamente realizaba.

     A la muerte de mi abuelo, heredaron la bodega mis tíos Felipe, Sinforiano y mi padre quienes elaboraron juntos, a los pocos años Felipe vendió a mi padre su tercera parte de participación y construyó una bodega en la placeta San Antonio de la que aun existen algunos vestigios, propiedad de mi prima Mauricia Cano Cano.

     Los depósitos para conservación de vino eran de barro, llamados tinajas que tenían una capacidad de unas cuatrocientas arrobas por unidad. Las fabricaban en Villarrobledo y las traían en unos enormes carretones. También en esta fecha mi tío y mi padre instalaron en la bodega tres tinajas iguales a las de referencia siguiendo en la sociedad con mi tío Sinforiano; En los primeros años cuarenta éstos decidieron la partición de la bodega, el primero se quedó con la nave que habían construido para las tinajas y un pasillo de acceso a la misma desde la calle. Hoy propiedad de mi primo Blas.

     Al quedarse independiente mi padre, comenzamos la ampliación de la bodega, en la parte que quedaba entre ésta y la vivienda de Alfonso Martínez que era de nuestra propiedad y que anteriormente se dedicaba a pajar terrero y patio; Allí, construimos mas trullos, depósitos de hormigón armado dedicados a fermentación y contención, depósitos subterráneos y una especie de tinajas que se fabricaban con cemento y alambre in situ.

     Cuando estábamos haciendo estas operaciones, era sobre el mes de julio, la mayoría de los obreros se encontraban en las faenas de siega y formamos un equipo compuesto por Juan Sánchez "Juanico el de las mulas", Antonio "el de la Morena", Juan - José Martínez, mi hermano Laureano y yo. Nos encontrábamos haciendo una excavación para un trullo y teníamos un burro con el que retirábamos la tierra, este animal en contra de lo que era corriente en los de su especie, "sejaga" de una manera tremenda y cuando Juan lo estaba aproximando para cargar, tanto reculó hacía atrás que carro, aperos y borro cayeron con estruendo dentro de la excavación, mi padre que se encontraba presente hizo que le pusiéramos unos palos inclinados por donde subió el burro y el carro, y al salir soltó y un rebuzno estremecedor.

     Por aquel entonces, época de penuria y escasez era habitual dar a los operarios " la costa" estábamos merendando una tripa de salchichón, fuimos cortando y cuando solo quedaban Antonio y Juan José, lo que quedaba de la tripa el primero partió haciendo dos trozos bastante desproporcionados, quedándose con el mayor, a la vista de lo cual Juanico le dijo co co coño (Juan tartamudeaba bastante) - creo que te has pasao Antonio -, a lo que inmediatamente Juan José replicó "eso digo yo ", "eso digo yo".

     Sería prolijo hacer alusión a las distintas ampliaciones que fuimos haciendo tanto en capacidad como en modernización de los elementos. La bodega quedaba con una capacidad que rebasaba el millón de litros, con maquinaria, laboratorio e instalaciones idóneas, al propio tiempo en colaboración de los vecinos habíamos ampliado la calle de acceso, haciendo más fácil el paso a los camiones.

     Mi hermano Laureano y yo, comenzamos una expansión comercial importante, en Valencia, puerto importantísimo en la exportación de vinos, que se hacían en barcos cisterna. Vendíamos a bodegas SCHENT, TECHENDOR, EGLI y CHERUVINO BALSAJIACOM, muchos de los cuales se agruparon.

     Para el interior abrimos otros mercados a la tintorera en la mancha, por aquel entonces la producción de uvas tintas no alcanzaba el 10 por ciento y el resto eran blancas. Sin embargo, la demanda de vinos tintos, que era mayoritaria, no la podían abastecer con sus uvas, tenían que buscar vinos para colorear sus blancos, que normalmente hacían con los llamados "doble pasta" procedentes de la manchuela; Para conseguir un rosado clarete tenían que añadir un 20 por ciento de este vino. El resultado que estos vinos tenían un color amoratado falto de brillo y una astringencia muy fuerte, por tanto, el resultado de esta mezcla nada tenia que ver con los vinos de la tierra. Por el contrario con la tintorera que en años buenos se decía que tenía veinte colores, lo que equivalía a colorear el agua con un cinco por ciento de tintorera, dándole un aceptable color, salían unos buenos claretes y rosados muy brillantes y con un color añil precioso. Hacia que los vinos quedaran con sus cualidades inalteradas.

     Estas circunstancias hicieron que los principales exportadores Valdepeñas, Manzanares y otras plazas se decantaran por el empleo de la tintorera y que la diferencia de precio entre esta y el "doble pasta" quedaba compensada con creces a favor de la primera. La cooperativa también se introdujo en este mercado; aunque supongo que con el aumento de las plantaciones de la uva tinta en la mancha habrán ido decreciendo sus ventas. En Galicia también introdujimos la tintorera, al principio los elaboradores para no disgustar a sus cosecheros hacían que las cisternas llegaran de madrugada para que la descarga no se hiciera muy ostensible. Querían recibir los vinos en "fermentación lenta " para que les ligaran bien con los suyos. Con la puesta en marcha " Consejo Denominación de origen", en la cual no estaban incluidos nuestros vinos, la cosa se hizo mas difícil, algunos solían recibirlos, corriendo el riesgo de posibles sanciones, y, otros optaron por hacer almacenes en la provincia de León donde se descargaban, para posteriormente pasarlo a sus bodegas. En algunas campañas, por razones de calidad o cantidad de las cosechas, el consejo solía autorizar entradas limitadas de nuestros vinos. De Galicia, donde estos vinos se bebían en tazones de loza blanca en contra de lo usual de cualquier sitio de hacerlo en vasos, vino el huso de estos tazones para ver la cantidad y calidad de la coloración de los vinos. Hasta entonces esta valoración, por estos lares se efectuaba con unos recipientes de plata, que en su fondo y laterales tenían unas hendiduras de distinta forma y tamaño; Al vino se le imprimía un movimiento circulatorio por el cual al ir resbalando se apreciaba su coloración y brillo. Afortunadamente conservo uno de estos que considero una verdadera reliquia.

     El transporte comenzamos haciéndolo en cisternas, teníamos dos, una de ellas con remolque, se hacía principalmente en la época de elaboración. No había carga de retorno, lo que encarecía el porte, para paliar la carestía pensamos traer castañas desde León, la carga de la misma en la cisterna se hizo con facilidad por unas bocas que las mismas tenían para practicar la limpieza del interior, pero la descarga tuvo muchos problemas ya que las castañas no podían salir por los grifos de las cisternas. Se tuvo que hacer utilizando una sartén con rabo y sin patas y desde arriba se sacaban. Como las castañas no se descargaban a un solo almacenista aun resultó más complicado la descarga. La experiencia no se repitió y no hubo mas reportes.

     Como por aquel entonces las calefacciones se calentaban exclusivamente con el llamado carbón piedra y éste se extraía en gran parte en minas de León los camiones que con este mineral venían a descargar en la parte centro y levante fueron provistos de unas cisternas de plástico hinchable que después de la descarga del carbón, se desplegaban en la caja de este, tenían estos recipientes las mismas dimensiones que la caja del camión, entonces se enchufaba la bomba y se iba cargando este depósito hasta ocupar todo el espacio; En la parte superior de este recipiente se colocaban unas cadenas en distintos sentidos para paliar en lo posible los movimientos del vino en el transporte, no obstante la conducción de estos vehículos contenía ciertos riesgos. Últimamente como desde Galicia, se exportaban gran cantidad de leche hacia estas zonas con cisternas construidas con acero inoxidable, traían leche, para el viaje de retorno, después de limpiar estas, se cargaban con vino para el viaje de regreso. La Cooperativa también participó en estos mercados y transporte.

     Hubo unos años de una gran demanda de tintorera, al no poder atender a nuestros clientes con nuestra propia elaboración, lo hicimos en las bodegas de Alpera de MASSO por entonces Policarpo.

     También compramos en Almansa y Montealegre del Castillo, como traíamos las uvas de Casas de Juan Núñez y Pozo Lorente, en éste había una sola viña de tintorera, también compramos uvas en Hoya Gonzalo y Villar de Chinchilla, de todas estas procedencias, las coloraciones que apreciábamos de menor a mayor eran las siguientes:

     Almansa, Montealegre del Castillo, Pozo Lorente, Villar de Chinchilla, Hoya Gonzalo, Alpera e Higueruela esto nos indujo a pensar que el factor altitud podría ser muy importante en la coloración de las uvas.

     Al no poder abastecer con estas procedencias la demanda del mercado, nos desplazamos a comprar tintorera en la provincia de Castellón en el pueblo de Cabanes y vecinos; Al segundo año que acudíamos a estos lugares, ocurrió que a bodegas SCHENK a las que habíamos suministrado estos vinos, le dejaron de cuenta una partida de ellos en Alemania por contener "híbridos" que al parecer era consecuencia de que los porta - injertos que se habían utilizado para estas cepas suministraban a las uvas estos "híbridos"; Aquí esto causó cierta consternación, pues ni se tenía constancia de la existencia de los mismos, ni había métodos analíticos para determinar su existencia. Parece ser que con el tiempo se fueron seleccionando los plantones americanos y la cantidad de estos " híbridos" ha ido decreciendo pero no ha sido eliminada por completo, según parece, por tanto creo que se perdió una posibilidad importantísima de aprovechar esta circunstancia en una zona que comprendía nuestro pueblo y vecinos, unidos a algunos de la provincia de Murcia como Yecla, Jumilla y otros de haber echo una línea de vinos ecológicos ya que eran las únicas " a mi entender" zonas en el mundo en que quedaban plantaciones indígenas y que por tanto, sus vinos no contenían la repetida "hibridación", por otra parte hubiera sido muy sencillo el hacer ecológico el cultivo de estos viñedos pues dado la practica de buenos usos y costumbres, solamente hubiera sido necesario el eliminar el uso de abonos minerales que se utilizaban en pequeñas proporciones.

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