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PREGÓN DE MARIA TERESA CANO IBÁÑEZ,
PARA LAS FIESTAS DE SANTA QUITERIA 2018.

Por culpa de la lluvia, el pregón de las fiestas, no se pudo "dar", como es costumbre, desde el balcón del Ayuntamiento,
y se celebró el acto en un recinto cerrado, en el Salón de actos del Ayuntamiento.


     Queridos paisanos y paisanas, permitidme que mis primeras palabras sean de agradecimiento a la Comisión de Fiestas 2018 que me ha brindado la oportunidad de estar esta tarde con todos vosotros, también me gustaría evocar un recuerdo  para los que nos han dejado definitivamente, vaya un cariñoso recuerdo para mis padres y para Carmen que no le correspondía irse tan pronto y a la que siempre llevaremos en nuestro corazón; también a las personas que esta tarde por cuestiones de salud, lejanía, laborales o de estudios no nos pueden acompañar y a todos gracias por estar aquí.

     Pasado el primer susto, cuando la Comisión me encargó el pregón de las fiestas de este año y asumida la responsabilidad que conlleva, enseguida me vino a la cabeza,  me han invitado porque ya soy mayor y como cantaba  Cafrune, un viejo cantautor de mi juventud, tengo muchas historias que recordar”, ciertamente casi sesenta años de vinculación ininterrumpida con nuestro pueblo dan mucho de sí.

     Desde el primer momento tuve claro el que sería el hilo conductor de este pregón, pero he de confesaros que en algún momento entré en pánico, lo que estoy escribiendo no le va a interesar a nadie, pensaba, pero si no desarrollo esta idea, no sabría qué contar a mis paisanos. Mi amiga Luisa me dio la clave, escribe lo que te salga del corazón me dijo, y lo que tengo en mi corazón es mucha gratitud y muchos y muy buenos recuerdos de Higueruela y sus gentes. Mis raíces están firmemente arraigadas en nuestro pueblo, aquí he nacido, he crecido, me he desarrollado profesionalmente y lo que en mí pueda haber de buena persona lo he aprendido de vosotros. Aquí, he forjado además, el mejor tesoro que cualquier persona pueda desear, muchos amigos, buenos vecinos y una gran familia, hermanos, primos y, lamentablemente, ya solamente tres tías.

     Las personas de mi generación estaréis de acuerdo conmigo de los profundos cambios que ha experimentado Higueruela desde nuestra infancia. Si cerramos los ojos y hacemos un mapa mental de la arquitectura, la acústica, los aromas, la forma de divertirnos... podemos darnos cuenta rápidamente de lo diferente que es el pueblo de nuestra niñez y juventud del que conocemos en la actualidad.

     Si me remonto a mis primeros recuerdos, me viene a la mente un pueblo donde los servicios escaseaban, las calles estaban sin asfaltar, las bombillas del alumbrado público eran apenas un puntito de luz que escasamente alumbraba un pequeño tramo de calle, casi no había coches; los perros y gatos campaban a sus anchas por las calles, también la chiquillería que por entonces teníamos una enorme Ludoteca que abarcaba todas las calles del pueblo y las huertas aledañas. Recuerdo, que a las casas no se accedía tocando el timbre, sino con un ¿se puede?, todas estaban abiertas, no hacía falta cerrar con llave ni si quiera por la noche; tengo la imagen de la primera vez que se cerró la de mi casa, siendo ya adolescente, y de la extrañeza que me produjo.

     Rememoro con nostalgia el reconfortante olor a tierra mojada que emanaba de las calles sin asfaltar, en las mañanas de verano, cuando las mujeres las regaban bien temprano, o por las tardes después de alguna de las temidas tormentas; el del mosto que impregnaba todas las calles en la época de vendimia; el que desprendían los escriños llenos de rollos de aguardiente, “mantecaos” y madalenas, cuando las mujeres, en Navidad o vísperas de fiestas,  hacían “los huntos” en el horno; también, la agradable sensación que me producía el humo de las chimeneas en invierno, a través del cual era fácil adivinar lo que iba a cenar cada vecino.

     Igualmente, el pueblo sonaba de otra manera, despertábamos con el jolgorio del canto de cientos de gallos, con el acompasado murmullo de las escobas puliendo las calles de tierra o con los cascos de las caballerías y el balancear de los carros; recuerdo las madrugadas de los domingos de octubre, cuando el canto coral de voces femenina del Rosario de la Aurora se acercaba a mi ventana para alejarse después en un leve susurro. A veces, cuando avanzaba la mañana, se podía oír el chiflo del afilador o la turuta del pregonero, Donato o Paco el de la Leonor, anunciándonos bandos municipales, la llegada de Blas Sorell con su camión lleno de fruta,  ventas ambulantes en La Posada Mateo o la pérdida de cualquier objeto por parte de algún vecino;  y, alrededor de las numerosas fuentes, las animadas conversaciones de las mujeres que acudían a por agua. Al salir de la escuela, por la tarde, durante el recorrido hasta nuestras casas, en el pueblo sonaba la melodía unánime de la radionovela de turno y, cómo no, la canción del Colacao, aquella, la del negrito del África tropical… Recuerdo también la algarabía de cencerros y el balido de los rebaños de mis tíos; y sobre todo, recuerdo el bullicio de las noches de verano, cuando mi barrio estaba lleno de jóvenes y chiquillos.

     Por entonces éramos muchos vecinos y casi todos nos concentrábamos en los barrios del Hondón y la Solana, todas las casas estaban ocupadas y en muchos casos por familias muy numerosas, la inmensa mayoría contaban con un corral repleto de animales, gallinas, conejos, cerdos…. que suponía un importante aporte para la economía familiar; contaban además estos barrios con numerosos hornos, tiendas, carnicerías, en las que por cierto, únicamente se vendía cordero;  y sobre todo había mucha, mucha vida….

     Porque, si en algo se ha caracterizado nuestro pueblo ha sido por su expansión, ¡casi se ha duplicado el casco urbano!; lamentablemente no ha sido porque el número de habitantes haya crecido, no, sino porque el caso antiguo poco a poco se ha ido despoblando, en principio, por el éxodo de los años 50 y 60, después por las políticas, más dadas a las ayudas a la nueva construcción que a la rehabilitación, y más tarde quizá, por la preferencia generalizada de los vecinos por vivir en la parte nueva del pueblo. Pero sabed todos que los de arriba, recibimos con mucha alegría cada vez alguien compra una casa cerrada o rehabilita la de sus abuelos.
He visto cómo se levantaban las calles para instalar las redes de agua potable y alcantarillado, cómo se asfaltaron las calles, se mejoró el alumbrado público y las casas,  cómo llegaron servicios tan básicos como el teléfono, primero con centralita, cuando no teníamos que saber el número de nadie, con descolgar el teléfono y decir el nombre, Josefina, solícitamente nos conectaban con nuestro interlocutor; conocí también la llegada de la televisión, con dos únicos canales, carta de ajuste y cierre a medio día; el primer servicio de  recogida de basuras con carro y mula. Y como, con el paso del tiempo, Higueruela ha ido creciendo en numerosas infraestructuras que nos han ido acercando al progreso y a la modernidad, fruto de Corporaciones progresistas que siempre han mirado por el buen desarrollo del pueblo y sobre todo por el espíritu colaborativo de sus gentes, véase la Cooperativa del Campo, uno de nuestros orgullos locales e importante motor económico, que con la calidad de sus caldos ha situado a Higueruela en el mapa mundial de los mejores vinos.

     He visto como hombres y mujeres han reivindicado y defendido lo que por derecho nos pertenecía, nuestra Sierra Procomunal, en un momento en el que las cosas no estaban para muchos ruidos, las protestas no eran muy bien recibidas en los años 60. Valientemente los vecinos y vecinas plantaron cara, frente al Ayuntamiento, a las Autoridades que el Gobernador Civil enviaba una y otra vez al pueblo para aplacar los ánimos. Los hombres, literalmente pusieron sus coches mirando “p’ Albacete” y las mujeres salieron en masa a la Sierra a romper los mojones con los que el Ayuntamiento de Albacete había acotado nuestra propiedad. Un domingo, siendo una cría de sólo 6 ó 7 años, me fui con mi prima Aurelia y el resto de mujeres, no entendía muy bien qué estábamos haciendo, pero sabía que defendíamos algo muy importante para el pueblo; por la tarde, emocionada pero exhausta, alguien me subió en su bicicleta de vuelta al pueblo; el resultado de ese día, un puñado de mujeres procesadas, entre ellas Ascensión, la mujer del Alcalde que no había acudido a la sierra por razones de salud. No cesamos en la defensa de lo que históricamente era nuestro, la solución llegó años más tarde, de la mano de un laudo entre todas las partes afectadas, promovido por los primeros alcaldes democráticos.

     Año tras año todo fue evolucionado, dejamos de bañarnos en las balsas de los huertos, contamos con dignas piscinas, ya no tomamos rompeolas en “Los Verdejos”, sino sofisticados gin tonics, los cortes de agua, antaño tan frecuentes, son anecdóticos, no se va la luz durante días después de una leve tormenta, ¡la de bailes que nos malograron esos malditos cortes a los jóvenes de la época!

     Contamos con un adecuado teatro, modernas instalaciones deportivas, dignos espacios comunes para el ocio y tiempo libre que cuidamos y disfrutamos y sobre todo, disponemos de numerosos servicios municipales que de la mano de capacitadas y competentes trabajadoras y trabajadores, mis compañeros del alma, contribuyen decisivamente al desarrollo local.

     Universidad Popular, Biblioteca, Escuela Infantil, Ludoteca, Centro Joven, Polideportivo, sólidas bases, todas ellas, para un adecuado desarrollo social y local, que con el tiempo han arraigado en nuestro pueblo y de los que hoy en día nadie querría prescindir; sin olvidar la inestimable labor del sin fin de maestros y maestras que han pasado por nuestro colegio que trascendiendo sus funciones y de una manera discreta y silenciosa, han hecho de la nuestra una infancia ejemplar, y por supuesto la firme apuesta que Corporación tras Corporación han hecho por la Cultura, que nos ha convertido en otro referente a muchos niveles. 

     Estaréis de acuerdo que con esta urdimbre no pueden salir malos paños, porque el conjunto de todos estos factores, son los pilares de una sociedad libre, fraternal, respetuosa y capaz, la que todos y todas queremos para nosotros y para nuestros hijos y que los higueruelanos defenderemos siempre con firmeza. Ojalá que muy pronto podamos disfrutar de la que es la piedra angular de todo lo antedicho y que tenemos pendiente desde hace muchos años, la Casa de Cultura que Higueruela se merece.

     Con los años también hemos alcanzado un alto nivel asociativo, que comenzó con la ya mencionada Cooperativa y con la Asociación Cultural Stizerola, que en poco tiempo trascendió, a los ámbitos educativo, social, deportivo, patrimonial y de ocio.  Este movimiento asociativo, ha creado en Higueruela un tejido social inalterable que trasciende a toda la comunidad y que influye en buena medida en la toma de decisiones local.
Igualmente nuestro pueblo  se ha caracterizado por su solidaridad y generosidad con  propios y ajenos; ayuda al pueblo saharaui, AFANION, Comercio Justo, Banco de Alimentos y un largo etc. de cuantas campañas solidarias han necesitado de nuestra ayuda, también es destacable la acogida y el trato que hoy día se tiene con las personas de otros países que se han asentado en nuestro pueblo.

     He llegado a la conclusión que el nuestro, es un pueblo especial y lo he descubierto, en muchos casos, a través de la mirada de los otros, los que no son de aquí, pero que de una forma u otra nos han llegado a conocer;  La cantidad de maestros, funcionarios,  Agentes Laborales, Lola, la Trabajadora Social y un largo etcétera que han dejado el pueblo con inmensa pena porque aquí han podido desarrollar libremente su trabajo y se han sentido acogidos y respetados; profesores de institutos y de Universidad que hablan con verdadero respeto de los jóvenes de Higueruela por su formación y educación; más de uno, en la Laboral, elegía sus tutorías en función del número de alumnos que había del pueblo; las innumerables compañías, que de forma altruista, han querido estrenar sus espectáculos con nosotros, porque sois un público riguroso y respetuoso y tantas que nos han felicitado por el buen comportamiento de nuestros niños en el teatro; recuerdo, en unas fiestas de mayo, al Sr. Karasiuk, un magnífico músico de los países Bálticos, que me confesó “el vuestro, es un pequeño pueblo con un gran público”.

     Somos fruto del esfuerzo que, generación tras generación, hemos hecho en favor de un pueblo con futuro, mejor y más digno y de la inversión que, a través de la Educación, la Cultura y el Deporte, hemos depositado en nuestra infancia y juventud, el futuro de Higueruela.

     Jóvenes, habéis recibido el pueblo que otros hemos forjado, ahora, os corresponde a vosotros coger el testigo para cuidar y mejorar este legado, debéis continuar con esta tarea, para que la nuestra siga siendo una sociedad progresista y culta, abierta a los movimientos sociales y atenta a todos los cambios.
Por último quiero recordar que NO es NO, que todas y todos somos dueños de las calles, independientemente de lo que tomemos, de la hora o de cómo nos vistamos, que lo importante es estar juntos para disfrutar estos momentos tan bellos que nos ofrece la vida y que todas y todos tenemos derecho a unas fiestas libres y placenteras.

     Ahora, sólo me queda desearos de corazón unas muy felices fiestas, brindar por nuestro pueblo, expresaros mi gratitud por tantos y tan buenos momentos vividos con todas y todos vosotros y que
¡Viva Sta. Quiteria!

M. Teresa Cano Ibáñez


Presidente de la Comisión de Fiestas, Alcalde de Higueruela y la pregonera


Dia 22 leyendo el pregón en la Residencia de ancianos.

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