9 21 de mayo 1996 página inicio
   


PREGÓN de José Colmenero López,
PARA LAS FIESTAS DE SANTA QUITERIA 1996.

Pregonero
Advertencia del Pregonero
Este Pregón se concibió para ser leído por su autor
ante un auditorio concreto,
en una fecha y un lugar concretos.
No fue concebido para su difusión como texto escrito


        
De orden del Sr. Alcalde Constitucional de esta Villa
 
SE HACE SABER:
           Que desde hoy día 21 hasta el 25 de Mayo, en este lugar se celebrarán grandes Fiestas cívico - religiosas en honor de nuestra Patrona Santa Quiteria, siguiendo el rito de la secular tradición.
        Que con el menester de preparar y desarrollar actos para honra de nuestra Santa Patrona y para solaz y regocijo de los vecinos, se ha comisionado a un numeroso grupo de activos y probos paisanos y paisanas quienes, para el mejor desempeño de su tarea, precisan de nuestra comprensión y ayuda.
          Que de entre las muy galanas mozas, se ha coronado Damas de las Fiestas a las más donosas y una representación infantil, para mayor realce de la fermosura de nuestro pueblo. A ellas debemos honra y gratitud durante su reinado.
          Que os dispongáis para dar acogida a los numerosos foráneos que llegan atraídos por el buen nombre y reconocida fama de hospitalarias  de nuestras gentes, encareciendo que se presenten las calles limpias y adornadas de colgaduras, flores, luces y cuanto exteriorice la alegría de estar en Fiestas.
           Que dispongáis vuestros corazones de tal manera que el amor sea entre todos los vecinos y las mentes para que el disfrute de interrumpir lo cotidiano sea también generalizado.
          Lo que se hace público para general conocimiento y mejor cumplimiento en Higueruela y mayo de mil novecientos noventa y seis.

        Como estamos entre amigos, es más, como estamos en familia, os voy a hacer una confidencia: Para esta parte del pregón había pensado salir aquí con la trompetilla y la gorra de plato que se ponían Juan Abiétar, Donato y Paco de la Leonor los días de gala. Y eso en honor a Lucas Collado, tan dado a disfrazarse y salir a la calle para meterse con todo quisque, con tan buen humor y fina ironía que nadie se enfada con él ( y si se enfadan, les dura poco). 
        Hay muchas maneras de hacer algo por los demás. Arrancarnos una sonrisa ha sido la contribución de Lucas a su pueblo.  Ahora está atravesando una mala racha familiar y por eso no ha querido (más bien no ha podido) estar esta tarde aquí atendiendo la llamada de la Comisión de Fiestas.
        Doy desde ahora fe pública de mi admiración por Lucas y le deseo, junto a su hijo Antonio y el resto de su familia, una Fiesta feliz.
       Quisiera que llegara, igualmente, a todos los ancianos, enfermos o impedidos el canto de gloria que desde su alta torre nos anunciaban esta mañana a las doce Quiteria,  María de la Nieves y  María del Rosario, nuestras tres viejas campanas. Para ellos deseo, si no es posible el gozo de la música y los colores reventones de los fuegos de artificio, al menos la paz de su espíritu.
       Para ellos quiero mi primer recuerdo y deseo: Decidles que este es un pregón de amor para las gentes de mi pueblo y para todas las personas de buena voluntad. Decidles que este pregonero está muy contento de la gratísima tarea que se le ha encomendado esta tarde: Proclamar a los cuatro vientos las virtudes de un pueblo y de unas gentes de las que está enamorado.
        Hoy es un día para la lírica y el recuerdo, más dado a la esperanza que a la reflexión. En mi afán de decir cuanto siento y quiero de la forma más clara y más bella posible, he recurrido a poetas y cantautores, y hasta me he copiado a mí mismo. Me gustaría decir con música ( que es el lenguaje universal) que ya sé, que ya sabemos que éste no es el mejor pueblo del mundo. Claro que lo sabemos. Pero para nosotros es como si lo fuera. Como la madre para el hijo. Y sé, nosotros todos sabemos, que debemos seguir bregando para que este pueblo sea el mejor.
         Aunque vivir en el pueblo ha sido hasta época no lejana una carga que pocos hemos soportado; aunque vivir en el pueblo sigue siendo difícil por condiciones de trabajo, de futuro para los hijos y un largo etc., los que permanecemos en él vamos logrando hacerlo  más habitable, acogedor y próspero. Y los que han tenido que marcharse, creo que siempre le han reservado un lugar en su corazón y en su pensamiento. Porque el pueblo, los pueblos, conservan todavía la identidad del hombre con la naturaleza. El pueblo es reserva de una vida más humana, más próxima a las otras personas, más fundida con las raíces de cada uno. El pueblo no desprecia la técnica y el progreso, pero no permite que estos lo anulen y lo desborden. Conserva la posibilidad de que seamos dueños de nuestro tiempo, de nuestra historia y me atrevo a decir que hasta de nuestro destino.
          Creo que afortunadamente, estamos redescubriendo las ventajas de la cultura popular y hoy, quien no tiene un pueblo se lo busca. Hoy el pueblo es un complemento indispensable de la ciudad, como ésta resulta vital para el pueblo. Ya pasaron aquellos tiempos en que se nos miraba por encima del hombro y el  hombre de pueblo era un “paleto” motivo de desdén y cuchufleta.
         Las tradiciones, el folklore, la gastronomía, el aire y la filosofía del pueblo son un remanso de paz en la vertiginosa vida de hoy y este pueblo nuestro es compendio de todas esas buenas cualidades: Higueruela tiene una riqueza natural que hemos sabido aprovechar, adaptando los cultivos a lo que la tierra y el clima favorecen: Ahí están esos huertecillos familiares primorosamente cultivados; ahí están esas cepas mimadas por el agricultor para sacarles el caldo que dará luego color a vinos universales; ahí está esa recuperación del olivar y la afanosa plantación de nuevos campos; ahí está la superpoblada cabaña ganadera que exporta el cordero más cotizado y más sabroso, manteniéndose en difícil coexistencia con la reforestación de montes y añojales...
         Tiene Higueruela una permanente superación en servicios, tanto públicos como privados y una peculiar forma de actividad industrial que en gran parte prefiere el anonimato y la independencia hogareña para echar jornadas interminables en las que toda la familia aporta algo...

Así es la gente de aquí.
Gente de mano caliente
por eso de la amistad,
con un horizonte amplio
que siempre va más allá.

        Tiene Higueruela un clima duro y frío en invierno. Un clima que ha templado el carácter del higueruelano haciéndolo reflexivo, austero, serio y limpio como el aire de la Sierra. Tolerante y conformista, a veces en demasía. Franco, acogedor, amable con todos los que aquí llegáis, bien para pasar unos días o para echar raíces entre nosotros. No os sintáis forasteros. Os necesitamos. Venís para engrandecernos. La variedad marca matices y enriquece. Quedaos. Yo os doy la bienvenida y os digo con el joven poeta:

Ven; contamíname;
 mézclate conmigo.
Debajo de estas ramas
tendrás abrigo.

         No podríamos hacer un pregón de Higueruela sin hablar de la mujer higueruelana. Ella ha sido y en muchas ocasiones es la auténtica protagonista . En Higueruela, la mujer nunca ha sido algo, siempre ha sido alguien. Sus virtudes la entroncan en la esencia misma del pueblo, sin perder nunca, ni como madre, ni como esposa, ni como trabajadora, ni como persona el lugar predominante que le corresponde y conservando su feminidad y los mejores atributos  de su sexo.
         En este punto, va mi abrazo de reconocimiento y de cariño para todas vosotras y especialmente para Anabel, Julia, Raquel, Conchi y Carmen, que con María Teresa, Mª Dolores y Begoña, estas preciosas niñas, han comenzado a ser ya embajadoras de lo mejor que tenemos.
        Permitidme que tenga un recuerdo para mi madre, tantos años ausente, a cuyo ejemplo de vida le debo casi todo lo que soy.  Dejadme que tenga un recuerdo para todas las madres. Y para mi hermana Jobita, tan buena. Y para mis tías Rosario y Ana María, con las que comparto menos ratos de los que quisiera.
        Permitidme que le diga esta tarde a Beatriz, mi esposa, que la quiero. Ahora mismo hace veinticuatro años que estaba dando a la vida el fruto de aquel amor nuestro todavía joven y fecundo: Nuestra hija Begoña. Y por Susana, tan igual que yo en tantas cosas, dejadme que sienta ante vosotros el orgullo de padre.

Gracias a la vida
que me ha dado tanto:
Me ha dado el sonido
y el abecedario,
con él las palabras
con las que proclamo
madre, esposa, amigo,
mujer, pueblo, hermano.

        Un día dijo Camilo José Cela que exteriorizar la emoción es signo de mala educación Recientemente ha rectificado y ha dicho que la emoción es precisamente la manifestación de que uno tiene todavía sentimientos. Yo no puedo evitarla. Creo que no podría hablar de vosotros, de mi pueblo, de mi familia y mis amigos sin emocionarme.
        Higueruela tiene su Historia. Su sencilla Historia, que vamos descubriendo también con emoción y cariño. Es agradable conocer la vida de nuestros antecesores. Desgraciadamente, no podemos conocerla a fondo, sobretodo la de los más remotos, por falta de testimonios próximos, de tiempo y de la especialización necesaria
         Yo dedico muchas horas a esta tardía afición y disfruto averiguando quienes eran y lo que hacían aquellos que nos precedieron; sabiendo el nombre y apellidos de los que trabajaban arreglando las calles del pueblo, de los que hacían pucheros, de los que acarreaban el aceite andaluz, de los que trapicheaban con el precario comercio, de los que curaban enfermos, de los que nos gobernaban o de los que peleaban por sacar a su familia adelante. Me gusta saber cuándo y cómo se hizo el lavadero, cuándo llegó la luz eléctrica o de donde procedía el agua de beber. Es bonito saber cómo se fue forjando el pueblo que ahora tenemos. Y luego me gusta contarlo.
      Gracias a la mediación de D. Antonio el cura y a la generosidad de un pariente chinchillano de Manolo de Teléfonos, me llegaron hace unos días unos documentos sobre nuestra iglesia. Por ellos podemos tener un mejor conocimiento de esa leyenda tan extendida y tan arraigada entre nosotros de las dos imágenes de Santa Quiteria y de los “celos” que la Vieja sintió de la Nueva cuando la sacaron por primera vez en procesión. Puedo deciros que en 1888, o sea, hace exactamente ciento seis años, cuando se hizo cargo de la Parroquia D. Maximiliano Tébar, ya estaban las dos imágenes No hemos podido determinar el año que se “juntaron” ambas, pero con paciencia y constancia, seguro que lo conseguiremos.
         De lo que sí tenemos más detalles es de la construcción de la iglesia actual:
          Vamos a trasladarnos a finales del siglo XVIII; concretamente a 1799.
           Tenía el pueblo entonces unos 500 vecinos, alrededor de 2.500 habitantes, y en el mismo sitio en que se encuentra ahora, estaban las ruinas de la antigua iglesia, dedicada también a Santa Quiteria.
        
Se había encargado al prestigioso arquitecto  murciano D. Lorenzo Alonso Franco la elaboración del proyecto para construcción de una nueva fábrica. Para aprovechar los lienzos que quedaban, y también porque estaba en un buen lugar ya que era el centro del pueblo, el arquitecto pensó conveniente construir la nueva en ese mismo lugar. Y para hacerla más grande fue preciso comprar algunas casas que estaban lindando con ella.
        
Por el mes de Noviembre empezaron a traerse materiales y en Julio siguiente quedaron hechos los cimientos. Se acabó aquel año con una inversión de unos 50.000 reales de vellón.
         Mientras tanto, servía provisionalmente de Parroquia la ermita de Santa Bárbara.
           Empezó a escasear el dinero, las obras se atrasaban y los vecinos se impacientaban.
           Don Mateo Alcaraz, Mayordomo Administrador de la Iglesia Parroquial de Chinchilla, de la que dependía la nuestra y otras ocho más, trató a nuestro pueblo con generosidad e intercedió ante el Obispo de Murcia para que la obra no continuara paralizada. En uno de los escritos que le dirigió al Sr. Obispo, le decía que Higueruela tiene uno de los climas más fríos de todo el obispado, muy propenso a nieves y heladas, y que la iglesia provisional es una ermita en un montecillo enmedio del  lugar, con una subida tan larga y penosa que los días comunes del rigor del invierno  no pueden subir a oír misa una parte de los vecinos, y en las horas altas de la noche, acaso no se pudiera administrar algún sacramento de necesidad y que por la estrechez de la ermita, además de otras muchas razones, es indispensable que se lleve adelante a cualquier costa la obra.. También decía que es justo el clamor del vecindario de Higueruela para que se les haga su iglesia.
       Cuatro años más tarde se pudieron concluir los trabajos y así opinaba don Lorenzo, el arquitecto que la diseñó y dirigió durante su construcción:
       
Ha sido construida esta iglesia con el mayor acierto en todas sus partes, ceñidas a las reglas que prescribe el Arte, resultando una obra sólida y firme, y con la sencillez que le presta su arreglada arquitectura se hace gentil y hermosa, no guardando proporción la población de Higueruela a la suntuosidad de su iglesia, observándose también la declarada economía del proyecto, como resulta de los 175.000 reales de vellón de su inversión, a pesar de su forma de crucero”.
        Menos de 45.000 pesetas y ahí está con sus casi 200 años a las espaldas y dispuesta a aguantar lo que venga.
        A ver si dura la mitad de tiempo el nuevo colegio que se está construyendo, donde han de formarse las nuevas generaciones de higueruelanos e higueruelanas. Vamos, el futuro.

Solo le pido a Dios
que el futuro no me sea indiferente.
Que la resaca muerte no me encuentre
sin haber hecho lo suficiente.

         Si es cierto que en la Historia está el alma de los pueblos, en el futuro está su esperanza y su razón de vivir.
        Ese futuro que se hace presente en el afán personal de cada día, en la inmediata conquista de nuestro anhelo, en la ilusión realizada.
         Pero el futuro del pueblo, el futuro colectivo, está en la infancia despreocupada y feliz. Lo tenemos en esa adolescencia que va enredándose en el amor y en la vida. El futuro es esa juventud un poco descreída con su propio futuro; la juventud que estudia y se forma, que escucha a Nirvana, a Oasis o al Niño Gusano; la que trasnocha y la que da cien vueltas buscando un puesto de trabajo porque se lo ofrecemos con cuentagotas. Esa juventud a la que esta sociedad contradictoria lleva hasta las puertas del bienestar y luego le regatea que construya su propia vida y su futuro.
         A vosotras y a vosotros jóvenes os digo que tenéis derecho a subir a nuestro carro y nosotros tenemos obligación de dejaros un puesto y compartir. Tenéis derecho a llegar a la ancianidad con la satisfacción de haber hecho algo positivo por los demás. Tenéis derecho a ver crecer vuestras espigas
         No aceptéis una vida regalada. Acostumbraros a rechazar todo lo chabacano, lo fácil, lo rutinario y lo impuesto. Apuntáos a causas nobles. Y tened en cuenta que hay muchísima buena gente: Lo que pasa es que la gente decente es menos veces noticia que los estafadores, los golfos o los asesinos de sargentos jóvenes. También la guerra tiene “más prensa” que la paz. Pero vosotros tenéis todo el derecho a despreciar la guerra y hacer el amor.
         Tenéis derecho a ver  lo más hermoso del mundo y de la vida y a recrearlo. No os conforméis con menos.
         Para vosotros, para vosotros y para nosotros deseo un pueblo grande, una sociedad sana, un horizonte amplio y luminoso que  juntos  tenemos que buscar. Un sol tibio y un cielo claro; una  fe no contenida y una alegría como la que hoy llena las calles de nuestro pueblo.
         Os deseo una primavera fecunda como la que estos días estalla en la Sierra y en el llano y que acampa en este lugar porque siente nostalgia de estos pinos, de estas cepas, de esta Santa. Porque es Fiesta. Porque deseamos que siempre sea Fiesta. Porque el veintiuno de Mayo

El sol se va aposentando
en los campos de cebada,
empapándose de verde
cuando llega la alborada;
arrancándole a la tierra
su aliento fresco, su alma.

Suben los higueruelanos
por las calles empinadas
para ofrecerle a la Virgen
juventud, vida y besana,
con manojos de gladiolos
de claveles, de esperanza.

Visten refajos manchegos
las estrellas  y las Damas.
Entre fuegos de artificio
la noche se desparrama.
El aire respira Fiesta;
sabe a tomillo y retama

         Amigas y amigos: Cuando la publicidad, el “marketing” que dicen, es ciencia y técnica imprescindible en la vida de hoy, yo sigo creyendo con el viejo y sabio refranero español que “El buen paño en el arca se vende”. Higueruela no necesita publicidad ni pregones,  y mucho menos un pregonero como éste que os habla para quedar prendida del corazón de quien la conoce. Gracias.

 ¡Viva Higueruela!
 ¡¡ Viva Santa Quiteria!!
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