Las figuras son:
- Fig. 1: un antropomorfo. Es la figura situada más a la izquierda del panel. Es enormemente esquemática, resultando imposible concretar nada más, como sexo, etc.
- Fig. 2 y 3: son dos pequeñas ciervas enfrentadas, de pequeño tamaño, y trazo estilizado. La primera está ligeramente por encima de la segunda, formando un ángulo de aproximadamente 45º con relación al suelo de la cueva. Ambas figuras son prácticamente iguales, por lo que están claramente relacionadas la una con la otra. Sus dimensiones son de en torno a 25 cm. de longitud por 15 cm. de altura.
- Fig. 4: una cabra. Está situada en un segundo plafón, algo más rehundido que el principal. Es la única figura pintada en negro de toda la cueva. Sin embargo, está muy relacionada con la otra cabra del panel, localizada en el extremo opuesto de la composición. Este animal, al igual que la otra cabra, tiene un despiece ventral interno, del que sale una línea recta vertical, que podría representar un venablo. La figura está muy deteriorada debido a una colada calcárea, pero aún así, gracias a su color negro, es fácil de apreciar.
- Fig. 5 y 6: dos ciervos. Son las figuras principales, dado su enorme tamaño y posición central. Así mismo son las figuras de mayor calidad técnica de la cueva. El Ciervo 5 es el mayor de ellos, y está situado en una evidente posición central dentro de la composición general de la cueva. Es un gran macho, dada su cornamenta, que mide 65 cm. de longitud por 69 cm. de alzada máxima. Está superpuesto a una figura más antigua, que representa una cierva. El Ciervo 6 es muy semejante al 5, aunque algo más pequeño. Está un poco más arriba y desplazado a la derecha del gran ciervo, en una posición paralela al primero. Es también de una excelente calidad, y está claramente asociado al anterior, si bien es algo más realista que el nº 5.
- Fig. 7: cierva: es la figura que corta el Ciervo 5. Es una cierva relativamente grande, algo más esquemática que las Ciervas 2 y 3. Sólo aparecen la cabeza, el pecho y parte del lomo, con una de las patas delanteras insinuada por un pequeño trazo.
- Fig. 8: caballo: inmediatamente inferior al Ciervo 5, llega a ser cortado por éste en los cuartos traseros. Está ligeramente inclinado con relación al suelo, en el mismo ángulo que la Cabra 9, a la que parece seguir. Junto a ésta cabra, son las dos únicas figuras del panel que miran a la derecha, si exceptuamos la Cierva 2, enfrentada a la Cierva 3.
- Fig. 9: cabra. Es la última figura del panel, si no incluimos el bóvido mencionado por Almagro, y que en la actualidad es imposible de localizar. Al contrario de la Cabra 4, está realizada en rojo, pero conserva un gran parecido con aquella. Al igual que la primera, tiene también lo que parece una especie de venablo que le surge del vientre.
Por lo que respecta a la cronología y los paralelos de éste panel, y a falta de dataciones absolutas mediante Carbono 14, podemos decir que las figuras principales del panel, los dos grandes ciervos, tienen paralelos con los que aparecen en la Cueva de los Casares (Guadalajara), así como a algunos de la cornisa cantábrica, como los de El Pindal. El caballo también tiene una clara relación con aquellos del Parpalló, y nuevamente con el cantábrico, como La Pasiega.
Para Balbín y Alcolea (Balbín, 1994), las figuras de la Cueva del Niño podrían encuadrarse estilísticamente en una transición entre los Niveles III y IV de Leroi-Gourhan. Fortea (Fortea, 1978: 137) habla de dos periodos en la ejecución de las figuras, un primer momento, encuadrado en el solutrense, del que formarían parte las ciervas y el caballo (Figuras 2, 3, 7 y 8), claramente más arcaicas que el resto, mientras que todas las demás pertenecerían al Estilo IV, propio del Magdaleniense.
Sin embargo, en opinión de Diego Gárate (com. pers.) "Si bien la cornisa cantábrica ha sido la región clásica relacionada con el arte paleolítico desde el descubrimiento de Altamira, no es menos cierto que en las últimas décadas otras regiones como la Meseta o el Mediterráneo levantino y meridional han protagonizado los descubrimientos más numerosos. Como consecuencia, se ha atenuado el supuesto aislamiento geográfico de la cueva del Niño y, a su vez, se han aportado elementos comparativos que permiten una contextualización artística de su dispositivo parietal.
En el caso de la cueva del Niño, se detectan determinadas características en las grafías zoomorfas vinculadas tanto a los yacimientos meseteños como a aquellos situados en la franja meridional peninsular, con marcadas diferencias entre ambas zonas. Tanto la iconografía, dominada por animales (ciervos) frente a signos (prácticamente anecdóticos) como los detalles interiores (despieces cruciales y ventrales) se aproximan a cuevas como Casares o Griega o al yacimiento al aire libre de Siega Verde.
La ausencia -o escasez- de herramientas fidedignas de datación impide realizar una estimación cronológica consensuada para el arte parietal paleolítico. La cueva del Niño no escapa a dicha problemática, por lo que no resulta sencillo realizar una atribución cronológica para sus pinturas. En el ámbito interno, algunos factores apuntan -siempre con la máxima cautela- hacia una sincronía del dispositio gráfico -obviamente dejando de lado las pinturas postpaleolíticas- reflejada en la utilización de materias pictóricas similares, elementos estilísticos similares y una organización espacial coherente. En el ámbito regional son pocas las cavidades que aportan datos fiables -arte mueble de Parpalló- y, por el momento, no se puede atinar más allá de una asignación solutreo-magdaleniense."