ARTE RUPESTRE

Las Pinturas Paleolíticas: El Panel Principal

       El panel principal se encuentra justo a la entrada de la cueva, en la primera sala, que es la principal unidad de la cavidad. Las pinturas se localizan en la pared izquierda de la entrada, y el panel ocupa en total unos dos metros de largo. La distancia entre el panel principal y la entrada de la cueva es de unos 15 metros, lo que permite que las pinturas queden tenuemente iluminadas por la luz diurna, máxime si tenemos en cuenta que la boca de la cueva ha quedado prácticamente colmatada de sedimentos, y por lo tanto la entrada original en época paleolítica sería mayor.

       El panel está compuesto por nueve figuras, que fueron exhaustivamente descritas por Almagro (Almagro, 1971). Ocho de las figuras son animales, mientras que en uno de los extremos de los paneles aparece un signo de forma antropomorfa. Todas las figuras están pintadas en rojo, a excepción de una de las cabras, pintada en negro. No hay policromía ni uso de tinta plana, aunque ambas cabras presentan despieces ventrales.

       Su posición en una zona destacada de la sala principal, justo frente a la entrada de la cueva y su gran visibilidad, dado su gran tamaño y el que fuesen visibles con luz natural, parece indicar claramente que éstas figuras fueron pintadas con una clara intencionalidad de exhibición, contrariamente a las tesis que afirman que el arte rupestre era realizado en lo más profundo de las galerías, debido a su carácter mágico.

Panel principal de la Cueva del Niño
Calco del Panel Principal, según Almagro, 1971
Las figuras son:

-        Fig. 1: un antropomorfo. Es la figura situada más a la izquierda del panel. Es enormemente  esquemática, resultando imposible concretar nada más, como sexo, etc.


-        Fig. 2 y 3: son dos pequeñas ciervas enfrentadas, de pequeño tamaño, y trazo estilizado. La primera está ligeramente por encima de la segunda, formando un ángulo de aproximadamente 45º con relación al suelo de la cueva. Ambas figuras son prácticamente iguales, por lo que están claramente relacionadas la una con la otra. Sus dimensiones son de en torno a 25 cm. de longitud por 15 cm. de altura.


-        Fig. 4: una cabra. Está situada en un segundo plafón, algo más rehundido que el principal. Es la única figura pintada en negro de toda la cueva. Sin embargo, está muy relacionada con la otra cabra del panel, localizada en el extremo opuesto de la composición. Este animal, al igual que la otra cabra, tiene un despiece ventral interno, del que sale una línea recta vertical, que podría representar un venablo. La figura está muy deteriorada debido a una colada calcárea, pero aún así, gracias a su color negro, es fácil de apreciar.


-        Fig. 5 y 6:  dos ciervos. Son las figuras principales, dado su enorme tamaño y posición central. Así mismo son las figuras de mayor calidad técnica de la cueva. El Ciervo 5 es el mayor de ellos, y está situado en una evidente posición central dentro de la composición general de la cueva. Es un gran macho, dada su cornamenta, que mide 65 cm. de longitud por 69 cm. de alzada máxima. Está superpuesto a una figura más antigua, que representa una cierva. El Ciervo 6 es muy semejante al 5, aunque algo más pequeño. Está un poco más arriba y desplazado a la derecha del gran ciervo, en una posición paralela al primero. Es también de una excelente calidad, y está claramente asociado al anterior, si bien es algo más realista que el nº 5.


-        Fig. 7: cierva: es la figura que corta el Ciervo 5. Es una cierva relativamente grande, algo más esquemática que las Ciervas 2 y 3. Sólo aparecen la cabeza, el pecho y parte del lomo, con una de las patas delanteras insinuada por un pequeño trazo.


-        Fig. 8: caballo: inmediatamente inferior al Ciervo 5, llega a ser cortado por éste en los cuartos traseros. Está ligeramente inclinado con relación al suelo, en el mismo ángulo que la Cabra 9, a la que parece seguir. Junto a ésta cabra, son las dos únicas figuras del panel que miran a la derecha, si exceptuamos la Cierva 2, enfrentada a la Cierva 3.

-        Fig. 9: cabra. Es la última figura del panel, si no incluimos el bóvido mencionado por Almagro, y que en la actualidad es imposible de localizar. Al contrario de la Cabra 4, está realizada en rojo, pero conserva un gran parecido con aquella. Al igual que la primera, tiene también lo que parece una especie de venablo que le surge del vientre.


       Por lo que respecta a la cronología y los paralelos de éste panel, y a falta de dataciones absolutas mediante Carbono 14, podemos decir que las figuras principales del panel, los dos grandes ciervos, tienen paralelos con los que aparecen en la Cueva de los Casares (Guadalajara), así como a algunos de la cornisa cantábrica, como los de El Pindal. El caballo también tiene una clara relación con aquellos del Parpalló, y nuevamente con el cantábrico, como La Pasiega.

       Para Balbín y Alcolea (Balbín, 1994), las figuras de la Cueva del Niño podrían encuadrarse estilísticamente en una transición entre los Niveles III y IV de Leroi-Gourhan. Fortea (Fortea, 1978: 137) habla de dos periodos en la ejecución de las figuras, un primer momento, encuadrado en el solutrense, del que formarían parte las ciervas y el caballo (Figuras 2, 3, 7 y 8), claramente más arcaicas que el resto, mientras que todas las demás pertenecerían al Estilo IV, propio del Magdaleniense.

       Sin embargo, en opinión de Diego Gárate (com. pers.) "Si bien la cornisa cantábrica ha sido la región clásica relacionada con el arte paleolítico desde el descubrimiento de Altamira, no es menos cierto que en las últimas décadas otras regiones como la Meseta o el Mediterráneo levantino y meridional han protagonizado los descubrimientos más numerosos. Como consecuencia, se ha atenuado el supuesto aislamiento geográfico de la cueva del Niño y, a su vez, se han aportado elementos comparativos que permiten una contextualización artística de su dispositivo parietal.

       En el caso de la cueva del Niño, se detectan determinadas características en las grafías zoomorfas vinculadas tanto a los yacimientos meseteños como a aquellos situados en la franja meridional peninsular, con marcadas diferencias entre ambas zonas. Tanto la iconografía, dominada por animales (ciervos) frente a signos (prácticamente anecdóticos) como los detalles interiores (despieces cruciales y ventrales) se aproximan a cuevas como Casares o Griega o al yacimiento al aire libre de Siega Verde.

       La ausencia -o escasez- de herramientas fidedignas de datación impide realizar una estimación cronológica consensuada para el arte parietal paleolítico. La cueva del Niño no escapa a dicha problemática, por lo que no resulta sencillo realizar una atribución cronológica para sus pinturas. En el ámbito interno, algunos factores apuntan -siempre con la máxima cautela- hacia una sincronía del dispositio gráfico -obviamente dejando de lado las pinturas postpaleolíticas- reflejada en la utilización de materias pictóricas similares, elementos estilísticos similares y una organización espacial coherente. En el ámbito regional son pocas las cavidades que aportan datos fiables -arte mueble de Parpalló- y, por el momento, no se puede atinar más allá de una asignación solutreo-magdaleniense."

 
 






Panel Principal, Figura 1
Panel Principal, Figuras 2 y 3
Panel Principal, Figura 4
Panel Principal, figura 7. Superpuesta a ella está la figura 5

Panel Principal, Figura 8
Las pinturas paleolíticas: el panel secundario

       El panel secundario está mucho menos expuesto que el principal, ya que se encuentra en una pequeña cavidad, situada en la una segunda sala, separada de la primera por una potente construcción estalagmítica. Es un panel mucho más oculto y sencillo, que sólo contiene dos figuras. Es por ello que su relación con el panel principal no es evidente, no sólo por su situación, sino también por la temática de sus representaciones.

-        Fig. 10: Es la figura destacada de este segundo panel; representa un gran serpentiforme, con una longitud total de 125 cm., colocado en posición vertical. Está compuesto por dos líneas paralelas, y en su parte central posee varias líneas internas, que parecen representar los anillos del reptil. La figura está enormemente perdida en la actualidad, y constituye uno de los pocos ejemplos de serpentiformes que existen en la Península.


-        Fig. 11: La otra figura que compone el panel es una cabra, dibujada muy esquemáticamente, de la que sólo se han representado la cabeza, el pecho y parte del lomo, así como un poderoso cuerno que permite su identificación. Los cuartos traseros parecen estar indicados por la costra estalagmítica que se forma a la izquierda de la figura, siguiendo una convección muy típica del arte parietal paleolítico. No guarda ninguna relación con las dos cabras del Panel Principal,  de estilo completamente distinto. Es la figura mejor conservada en lo que a pintura se refiere, y presenta un intenso color rojo.



Panel Secundario, Figua 10
Panel Secundario, Figura 11
Las pinturas levantinas

       Este grupo de pinturas se encuentra en el abrigo que forma la cueva en su entrada, justamente en el borde más exterior del mismo, en el ángulo que forma el candil con el techo del abrigo. Están a la derecha de la entrada, a unos 7,50 metros de distancia de ésta. Por su situación se hayan en un lugar extremadamente "visual", ya que están en el único acceso existente a la terraza que se abre frente a la cavidad. De este modo, todo aquel que llegase a la cueva, ya sea descendiendo el monte donde ésta se encuentra, ya sea remontando el escarpado barranco que lleva al río, debería pasar frente a las pinturas. Hoy día éstas están muy deterioradas por la erosión, pero en el momento de su realización deberían resaltar espectacularmente de  la roca que les sirve de soporte. Así, encontramos ya una clara intencionalidad visual en su realización. Las pinturas se componen de dos grupos, situados a escasos centímetros unas de otras, y a la misma altura. La tinta empleada en ambos conjuntos es del mismo color, por lo que todas las pinturas parecen estar relacionadas, y posiblemente fuesen realizadas en la misma época. Sin embargo, hay que llamar la atención sobre una de ellas, perteneciente al que hemos denominado conjunto A, que es de un color rojo mucho más claro, diferente del resto, y que además parece ser menos estilizada que las demás. Aún así, su relación, de uno u otro modo, con el resto del conjunto, parece evidente. Desgraciadamente, ambos conjuntos han sufrido un fuerte deterioro, presentando varios desconchones que afectan directamente a las pinturas, lo que dificulta su apreciación e interpretación.


       El conjunto A, el situado más a la derecha, presenta una figura humana central, en posición diagonal con respecto al suelo. Podemos distinguir uno o dos brazos, así como la cabeza y parte del tronco. De su extremo posterior parten unos trazos hacía arriba, pero en los que no puede apreciarse ninguna figura concreta. Enfrentado a este individuo tenemos a un segundo personaje, del que quedan la cabeza, un brazo y parte del tronco. Sin embargo, el resto de la figura está perdida debido a un desconchón. Bajo éste personaje aparecen dos piernas, que podrían pertenecer al mismo, pero en este caso la figura estaría completamente desproporcionada, por lo que creemos que podrían representar a un tercer personaje. Por último, ligeramente separada a la izquierda de estas figuras, aparece otra, en un color mucho más claro, y realizada con un trazo más grueso, que representa un tronco con un brazo. Este último individuo, pese a estar junto a los otros, parece haber sido realizado en un momento diferente.



       El conjunto B es el más próximo a la entrada de la cueva, y está situado a unos 10 cm. del conjunto A. En este conjunto destacan sobremanera dos figuras, claramente relacionadas una con otra. Ambas están en posición horizontal, ligeramente inclinadas, una sobre la espalda de la otra, orientadas en la misma dirección. Se pueden distinguir perfectamente las cabezas y lo que a todas luces parecen ser los brazos. Así pues, podría ser ésta una escena de cópula, o bien de lucha. La figura inferior tiene un brazo extendido, y parece estar agarrando algo, aunque ésta tercera representación está muy perdida por culpa de un desconchón en la pared, y aunque se aprecian varios trazos, no puede concretarse qué representan. Superpuesto a las dos figuras, aparece otra más, en posición vertical, en la que se aprecian perfectamente el tronco y las dos piernas; una de ellas tiene representado el pie y tres dedos, dando un gran realismo y detalle a la figura. Por el contrario, la parte superior está muy perdida.


       La adscripción cronológica de estos dos conjuntos de pinturas no van más allá de su encuadre en el Neolítico, debido a su clara relación con el Arte Levantino del arco mediterráneo, a su asociación con el recipiente de cerámica cardial hallado en una cata realizada bajo el abrigo, muy próxima a las pinturas. Sin embargo, sin la excavación arqueológica pertinente, es imposible localizar estas representaciones en un momento concreto del Neolítico peninsular. Debemos recordar aquí la relación existente entre todas la figuras, tanto dentro de un mismo conjunto como entre los dos conjuntos, lo que debe llevarnos a pensar que todas ellas son sincrónicas, con la notable excepción de la figura tres del Conjunto A, de color evidentemente más claro, y que presumiblemente sea de un momento diferente.

Panel Principal, Figuras 5 y 6
Pinturas Levantinas, Conjunto A
Pinturas Levantinas, calco del Conjunto A
Pinturas Levantinas, Conjunto B
Pinturas Levantinas, calco del Conjunto B


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