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La arqueología en la provincia de Albacete. Por Rubí
Sanz Gamo, artículo
publicado en Boletín de Información "Cultural Albacete",
octubre de
1984 (número 9).
Las primeras noticias sobre hallazgos arqueológicos en la
provincia de Albacete datan de 1749, cuando el Canónigo Lozano se refiere a
algunos lugares tales como illunum, giomala, etc., dentro de interés erudito
despertado en ese siglo, en el que Alcubierre inicia la excavaciones de Pompeya
y Winkelmann contribuye poderosamente al conocimiento de la arqueología.
En el siglo XIX las referencias se multiplican, tanto por
parte de Cea Bermúdez o de Madoz, como por parte de eruditos locales, como Roa y
Erostarbe. Junto a ellos, la creación de la Comisión Provincial de Monumentos
interesa en el tema no sólo a los miembros de dicha comisión, sino a municipios
y particulares. En ese siglo, además de importantes hallazgos, como el de la
denominada Bicha de Balazote, comienzan las primeras investigaciones sobre el
Cerro de los Santos en Montealegre del Castillo, aún hoy no concluidas.
El descubrimiento a principios del siglo XX de los abrigos
con pinturas rupestres de Alpera y Minateda va a desplazar a la provincia a
numerosos arqueólogos atraídos por las posibilidades que en el campo de la
investigación arqueológica ofrecía. Sin embargo, hemos de lamentar el hecho de
que la investigación se haya limitado, tradicionalmente, a determinados
yacimientos y monumentos culturales, por lo que a pesar de conocerse la
existencia de más de dos centenares de yacimientos arqueológicos, el estudio de
los mismos queda limitado a unos pocos.
Remontándonos a la prehistoria, los únicos restos faunísticos
pleistocénicos, bien conocidos, son los ejemplares de molares pertenecientes al
"mammuthus armeniacus" hallados en los areneros de Fuensanta, así como algunos
restos de cornamenta de "cervus elaphus" de procedencia desconocida, depositados
ambos en una vitrina del Museos de Albacete. Las distintas secuencias de
industrias paleolíticas están aún mal definidas. Al Paleolítico Inferior parecen
pertenecer algunos útiles sobre cuarcita, presentados recientemente en el
Congreso de Historia de Albacete hallado en La Fuente (Hellín), y con algunos
caracteres atípicos.
Al paleolítico Medio adscribió Breuil, en 1928, algunas
industrias clasificadas como musterienses, procedentes del CAnalizo del Rayo, en
Minateda. Finalmente, al Paleolítico Superior pertenece el complejo de
industrias microlíticas halladas en la Cueva del Niño (Ayna) por Higgs, Davidson
y Bernaldo de Quirós, estando aún pendiente de publicación la memoria
correspondiente a la excavación. Es posible la existencia de otros yacimientos
paleolíticos que habránd e localizarse, bien en algunas de las terrazas del
Júcar (areneros de Fuensanta y Valdeganga), bien en zonas más occidentales
próximas a los cauces actuales de los ríos Córcoles y Guadiana, bien en el área
suroriental de la provincia como lugares preferentes. Hasta ahora, con los
escasísimos datos existentes, tan sólo podemos constatar la presencia de un ser
inteligente en los lugares ya citados en Minateda y Ayna y la existencia de un
posible hábitat en cuevas en este último lugar. Aquí, en 1972, se descubrieron
algunas pinturas rupestres en el interior y que por sus características técnicas
y estilísticas pertencen al período paleolítico (figuras de ciervos, cápridos y
un équido aislados; naturalismo; uso de la perspectiva torcida...). Almagro
Gorbea las sitúa culturalmente a finales del Solutrense o en el Magdaleniense,
cronología que vendría a confirmarse por la presencia de los útiles microlíticos
realizados sobre lascas a los que aludíamos anteriormente.
Frente a la denominación del Mesolítico o Epipaleolítico,
términos utilizados para definir el amplio espacio cronológico situado entre el
Paleolítico y el Neolítico, preferimos la denominación de Postpaleolítico al
responder mejor, desde el punto de vista cultural, a la secuencia a la que ahora
nos referimos. Pese a que las condiciones climáticas sufren una importantísima
variación (paso del Pleistoceno al Holoceno, retirada de los hielos), tanto el
tipo humano --derivado de las razas de Cro-Magnon, Grimaldi, etc.-- como su
economía depredadora, el nomadismo, y el empleo de útiles de silex
evolucionados, siguen siendo esencialmente similares a los de las últimas fases
del Paleolítico. Y sólo lentamente son introducidos nuevos avances en la forma
de vivir o en las industrias utilizadas.
Ese enlace aparece cada vez más claro a la luz de las últimas
investigaciones. Si bien no han sido hallado aún en nuestra área geográfica
yacimientos claramente identificables como postpaleolíticos, sí existen en
cambio testimonios de un valor incalculable de cómo debió ser la vida de
aquellos hombres a través del Arte Rupestre Levantino, especialmente de aquellos
hombres a través del Arte Rupestre Levantino, especialmente representado en la
provincia de Albacete en los abrigos ya clásicos de Alpera y Minateda, a los que
añadir los descubiertos en toda la zona de Nerpio, en Socovos, e incluso en Ayna
a la entrada de la Cueva del Niño.
Si yacimientos como el valenciano de la cueva de la Cocina (Navarrés)
han permitido conocer un importante complejo de industrias líticas de este
período, los abrigos con pinturas rupestres permiten aproximarnos a determinados
aspectos etnológicos al mostrarnos no sólo escenas de caza, lucha, danza, etc.,
sino, incluso, variedades étnicas o tribales entre distintos grupos humanos.
El gran friso de Minateda muestra grandes figuras de animales
(toros y caballos) aislados, con caracteres que recuerdan a los del arte
paleolítico, con el que posiblemente sirvan de enlace según intuyó ya Breuil, y
según parecen confirmar recientes investigaciones. Junto a ellos, numerosas
escenas de caza llenan todo el conjunto, e incluso se enriquece con la
entrañable imagen familiar de una mujer con un niño de la mano. Este carácter de
lo cotidiano se encuentra también en figuras de la Cueva de la Vieja, en Alpera,
donde aparecen dos mujeres al parecer conversando donde un personaje emplumado y
ricamente adornado --para algunos un sahaman o especie de brujo-- parece
presidir el conjunto. Escenas similares podemos observar en el resto de abrigos
con pinturas rupestres.
Hay además muchos otros aspectos que observar: las mujeres
vestían largas faldas acampanadas. llevaban los pechos descubiertos y realzaban
sus cabezas con cintas o diademas, tal y como podemos ver en Alpera. Los hombres
se adornaban con brazaletes, jarreteras y en algunos casos con tocados de
plumas. Disparan lanzas o flechas con diferentes tipos de arcos o realizan
diversas labores.
¿Quiénes fueron y de dónde venían estos hombres? La respuesta
sigue siendo una incógnita. Muchos se inclinan por una procedencia
norteafricana. Se establecieron en todo el cordón montañoso del Levante español,
allá donde la abundancia de agua y la existencia de vegetación propiciaban la
vida animal y la del hombre cazador. Durante milenios se movieron pro estas
tierras y fueron adquiriendo nuevos conocimientos, como la domesticación de
animales (perro de Minateda), la recolección ("colmenero" de Bicorp, VAlencia) o
más adelante el trabajo en el capo y el paso, por tanto, de una economía
depredadora a otra productora, del nomadismo al sedentarismo. La larga
perduración de estas pinturas queda patente en las superposiciones de figuras
con tamaños, colores y estilos completamente distintos. Breuil diferenció trece
estilos distintos en Minateda, hoy en revisión. En Alpera encontramos figuras
naturalistas junto a otas esquemáticas. En Nerpio volvemos encontrar esa
disparidad de estilos hasta llega a abrigos como el denominado de los Ídolos,
encuadrable cronológicamente en la edad del Bronce por similitud con
decoraciones de vasijas y plaquetas de piedra con representaciones de este tipo.
Las cuatro fases establecidas por Beltrán Martínez y Ripoll
Perelló en torno al arte Rupestre Levantino abarcan desde finales del
Paleolítico hasta la edad del Bronce un período cronológico demasiado amplio
durante el cual el hombre sigue conservando una misma tradición: la de
representarse él y sus semejantes en unos abrigos rocosos a los que,
posiblemente, dio carácter de santuario.
Si hasta aquí los datos son ciertamente imprecisos, se
oscurecen todavía más cuando nos adentramos en el Neolítico. En la provincia de
Albacete no se ha excavado ningún yacimiento perteneciente a esta cultura, y,
por ende, los restos materiales son escasos y siempre corresponden a hallazgos
aislados, sin ningún contexto que los arrope. A un hábitat o quizás
enterramientos en cuevas han de corresponder los dos únicos ejemplares de
cerámica rescatados hasta ahora; las vasijas de la Cueva del Niño (Ayna) y
de la cueva Santa de Caudete. La primera es una vasija en forma de botella, base
redondeada, y decoración incisa formando motivos geométricos en la panza. La
segunda corresponde a un cuenco también de base redondeada, dos asas y
decoración realizada a base de imprimir sobre la barro blando una concha marina
(cardial). Por el lugar de los hallazgos, y el tipo de decoración, habrán de
relacionarse respectivamente con el Neolítico andaluz y levantino.
Abundan, por otra parte, los hallazgos de industrias de
piedra pulimentada, llamadas vulgarmente hachas de mano o "piedras rayo" y
que corresponde a azuelas hachas, etc. según tamaño y forma. A pesar del
ejemplar de Carcelén, se localizan preferentemente en diversos puntos de la
Sierra de Alcaraz (Alcaraz, Bienservida, Povedilla, Peñascosa...), donde
debieron existir algunos núcleos de hábitat.
Más abundantes son los hallazgos de la Edad del Bronce en la
provincia de Albacete, y su localización más precisa. Durante los primeros
momentos de investigación sobre este aspecto de nuestra prehistoria, se
adscribían sistemáticamente todos los hallazgos a la cultura del Argar, una de
las mejor conocidas. Desde hace unos pocos años los conceptos han variado
sustancialmente. Sui la estructura sepulcral de la Peñuela, de tipo megalítico
según su excavador Sánchez Jiménez, nos remonta inicialmente, a la primera etapa
de la Edad del Bronce, reciente investigaciones permiten precisar más sobre le
Bronce Medio, gracias a las excavaciones llevadas a cabo por C. Martín Morales
en la Morra del Quintanar (Munera), así como al hallazgo de nuevos yacimientos.
Estas morras han de compararse, estructuralmente, a las denominadas motillas de
la provincia de ciudad Real, a cuyo horizonte cultural pertenecen,
contemporáneas, además, a las denominadas culturas del Argar en el SE, y Cultura
del Bronce Valenciano. En general, se trata de lugares fortificados en torno a
una estructura central con uno o dos cinturones de muralla, y posiblemente
estructuras de habitación en torno a ellas y raramente conservadas. A este tipo
de asentamientos corresponden la morra de Quintanar, quizás la de Pétrola
recientemente excavada por J.I. Pellón, y posiblmente algunas otras como el
Cerro Pelado de Cenizate. Otros asentamientos, d tipo lacustre, según
Martínez Santaolalla (1946), son los que se encuentran en zonas pantanosas como
Acequión.
Los materiales cerámicos más abundantes de los hallados en la
provincia de Albacete corresponden a cuencos -- algunos carenados-- de base
semiesférica y escasa decoración; grandes urnas de enterramiento de mala
fractura en general, algunas queseras (Morra del Quintanar), etc.
La industria lítica presenta bastantes útiles de silex
relacionables, fundamentalmente, con el trabajo agrícola, alguna punta de flecha
de silex (El Amarejo), brazaletes de arquero de piedra (Dehesa de los
Caracolares) botones con perforación en V (Morra del Quintanar) y dos piezas
excepcionales: los martillos de la morra de Berli, cuya tipología se relaciona
con la extracción del mineral. Abundan, por otra parte, los molinos de mano
barquiformes, localizados en diferentes puntos de la provincia.
Escasean los objetos metálicos, que quedan reducidos a
algunas armas, por lo demás, excepcionales en yacimientos albaceteños; la punta
flecha tipo Palmela, procedente de Casas de Ves, la de aletas y pedúnculo de
Arrocinejos, un puñal de la Dehesa de los Caracoles, una hacha de talón de
Paterna del Madera, y poco más.
Finalmente, objetos de adorno han sido hallado en El Amarejo
(Bonete) y Los Mercadillos (Pozo Cañada), donde se encontró un collar de conchas
indudablemente ruto del comercio.
En relación con este último, mencionaremos algunas áreas de
localización preferente --también las más prospectada-- en torno a
los términos de Munera y Barrax, al W, a la cuenca del Júcar al NE, a la laguna
de Pétrola y Corredor de Almansa al E, y comarca de Hellín al SE, la mayoría de
ellos situados junto a vías de comunicación naturales o en zonas de especial
riqueza agrícola. Se ha podido constatar en diferentes yacimientos (El Amarejo,
Berli) asentamientos de la Edad del Bronce, que posteriormente se iberizan una
vez asimilados los influjos culturales llegados a la Península desde lo inicios
del primer milenio antes de C., y que en torno al siglo VII a. C. han debido
penetrar ya en la Meseta.
Dicha asimilación habría dado como resultado, en fecha tan
temprana como es el siglo VI a. C. y según investigaciones de Almagro Gobea, la
presencia de elementos orientalizantes en Pozo Moro (Chinchilla) y el Macalón (Nerpio)
formando parte integrante de los pueblos ibéricos.
A pesar de las excavaciones llevadas a cabo en la provincia
en torno a diferentes yacimientos ibéricos, como el Cerro de los Santos y LLano
de la Consolación en Montealegre del Castillo, Hoya de Santa Ana en Tobarra, el
Tolmo en Hellín, el Macalón en Nerpio, el Amarejo en Bonete y los Villares y el
Camino de la Cruz en Hoya Gonzalo, abarcando diversas áreas geográficas,
desconocemos qué pueblos ibéricos habitaron esta zona. Al sur y hasta la vía
Heráclea es posible se establecieran los Bastetanos; al Este es posible que los
Contestanos, al menos los yacimientos más orientales quedarían bajo su
influencia, y que no sabemos aún si llegaría a sobrepasar el Júcar,
desconociéndose aún por falta de hallazgo quiénes se situarían en el occidente
de nuestra provincia.
Hasta el momento se han descubierto diversos asentamientos
urbanos situados todos ellos en elevaciones, más o menos prominentes, dominando
un amplio espacio geográfico. estos poblados de carácter eminentemente defensivo
son los del Macalón, cuya excavación realizó M.A. García Guinea, financiada pro
la Excma. Diputación de Albacete, donde se hallaron amplios lienzos de muralla.
El Amarejo, recientemente excavado por S. Broncano, donde puede apreciarse la
estructura urbana a base de casas rectangulares, de cimientos de piedra y muros
de adobe. Y el Tolmo de Minateda, excavado por Sánchez Jiménez, con
impresionantes defensas naturales y en el que aún pueden apreciarse aljibes y
plantas de viviendas semiexcavadas en la roca. A partir de los siglos II-I a.
C., cuando la paz romana había llegado a estas tierras y el poderío del invasor
hacía inútil las fortificaciones, los asentamientos ibéricos baja a zonas llanas
y poco a poco se van romanizando. Al menos ésa es la impresión que, en
principio, parecen dar numerosos yacimientos extendidos por toda la provincia.
Ignoramos aún la situación del núcleo urbano que debió
encontrase próximo al santuario del Cerro de los Santos y a la necrópolis del
Llano de la consolación. El cerro, uno de los más ricos yacimientos
ibéricos peninsulares por la gran cantidad de esculturas que ha proporcionado
viene siendo objetivo y punto de mira de numerosos arqueólogos desde que se
hicieron los primeros descubrimientos en el siglo XIX. Desgraciadamente, la
fuerte erosión a que ha sido sometido así como la presencia de numerosos
"buscadores de tesoros", han provocado su practica desaparición y hoy solamente
un monolito permanece como testigo de su grandeza pasada. García y Bellido
describió el edificio del templo como una construcción de influencia clásica:
rectangular, con columnas a la entrada del mismo que irían coronadas por
capiteles de influencia jónica. pero nada de ello queda, y el Museo de Albacete
sólo conserva algunos elementos decorativos arquitectónicos procedentes del El
tolmo y que debieron coronar algún edificio singular hoy desconocido.
Próxima al Cerro, la necrópolis del Llano de la Consolación
ha proporcionado un buen número de sepulturas de incineración, algunas con
cerámicas áticas del siglo IV a. C. formando parte de los ajuares funerarios,
así como otros importantes elementos; la cabeza de guerrero del Museo de
Albacete, el relieve con el domador de caballos, y el plomo escrito, publicado
recientemente por Fletcher Valls y que se conserva en el Museo de Valencia.
Otras necrópolis importantes son las de Hoya de Santa Ana (Tobarra), con más de
trescientas sepulturas excavadas por Sánchez Jiménez y con riquísimos ajuares.
La de Los Villares en Hoya Gonzalo, en proceso de excavación por J. Blánquez, y
con sepulturas de estructura tumular. Y la de la Casa del Monte (Valdeganga),
cuyos materiales se encuentran también en Valencia, también con estructuras
tumulares y objetos de tipo céltico en los ajuares. Sin embargo, la necrópolis
más singular es la de Pozo Moro, cuya excavación fue iniciada por S. de los
Santos y finalizada por Almagro Gorbea. Su singularidad estriba en el hallazgo
de un monumento turriforme funerario, decorado con esculturas y relieves de
iconografía relacionada con creencias orientales, y que debió levantarse en
torno al siglo VI a. C.
El descubrimiento de Pozo Moro ha puesto de relieve, una vez
más, el problema de la función arquitectónica, que indudablemente debían tener
algunas otras esculturas halladas en la provincia de Albacete, y que en realidad
son grandes sillares esculpidos con representaciones antropomorfas tomadas de la
mitología clásica. Una de ellas es la esfinge de Haches (Bogarra), cuya
estructura cúbica y visión frontal la acercan más a un altorrelieve. Representa
la mítica figura con garras de león, cuerpo de ave y cabeza de mujer, donde la
sonrisa arcaica de sus labios, ye l tranzado de su pelo recuerdan a las korai de
la escultura griega. La segunda, es la escultura conocida como la Bicha de
balazote, de cabeza humana barbada y cuerpo de toro. Su significado ha sido
relacionado con el Aqueloo griego, o con una escultura apotropaica. Ambas se
fechan en el siglo V a C.
En relación con cultos y creencias locales han de situarse
otros ejemplares de escultura animalista ibérica encontrados en la provincia. La
importancia que entre el pueblo ibérico tuvo el culto al toro queda reflejada en
las numerosas representaciones existentes deeste animal, uno de cuyos ejemplares
más bellos es la cabeza de toro procedente de Caudete (Museo de Albacete). La
cierva hallada en el mismo lugar, tristemente mutilada en fechas recientes, tuvo
también un especial un especial significado para los íberos; a su carácter
sicopompo hay que añadir la creencia de su presencia como signo e buen augurio,
tal y como queda reflejado en el célebre pasaje de la cierva de Sertorio narrado
por Plutarco. De significado aún oscuro es el León de Bienservida, portando
entre sus patas una cabeza masculina barbada y que posiblemente represente la
protección de la tumba de algún importante personaje.
Capítulo aparte constituye la escultura humana, ampliamente
representada a través de los hallazgos del Cerro de los Santos, que nos
permite conocer, además de variados aspectos artísticos, el vestido y el adorno
ibérico, tanto del hombre como de la mujer. A las esculturas proporcionadas por
tan prolijo yacimiento, se suman las halladas en el Tolmo, o el fragmento de
torácato (guerrero ataviado con coraza) ingresado recientemente en el Museo de
Albacete. Esta escultura debió formar conjunto con otras encontradas en el mismo
lugar de la Losa (Casas de Juan Núñez), entre las que destaca el fragmento de
caballo adornado con ricos ajeezados.
A todos estos hallazgos, algunos de importancia excepcional,
hemos de añadir otros muchos que, en conjunto, permiten conocer los diversos
aspectos de la cultura ibérica. Así, son de destacar los distintos tipos de
armamento (cascos, espadas, lanzas, etc.) hallados en El Tesorico, Cola de Zama
(Hellín) y Hoya de Santa Ana. La rueda de hierro de El Amarejo. Fíbulas, placas
de cinturón, brazaletes, cadenas y anillos de bronce procedentes de Hoya de
Santa Ana, el Tolmo, el Camino de la Cruz, el Cerro de los Santos, etc. Pesas de
telar y fusaiolas (pequeñas piezas para hilar), en Hoya de Santa Ana, y
abundantes piezas de cerámica en los yacimientos citados, así como en la
totalidad de los localizados en la provincia, destacando las procedentes de el
Amarejo y Hoya de Santa Ana por la variedad de formas y temas decorativos.
De excepcional importancia por su calidad, como sus
inscripciones, son los platos argenteos de Abengibre, hallados en 1929. Otros
hallazgos epigráficos corresponden al busto femenino del Museo de Albacete, y al
plomo escrito del LLano de la Consolación ya citado
Desconocemos el momento exacto de la ocupación romana en
estas tierras. Las fuentes literarias apenas la mencionan, y los hallazgos más
antiguos, faltos del estudio de algunos fragmentos de cerámica de barniz negro
de varias procedencias, corresponden al tesorillo de monedas de plata
republicanas halladas en Nerpio, de diferentes familias consulares, y algunos
fragmentos de tierra sigillata (cerámia "fina" romana), lucernas llamadas de
"volutas" por presentar este motivo decorativo junto a la piquera, la cabeza de
Lezuza atribuida a Agripina, etc. Sin embargo, buena parte de los yacimientos
localizados corresponden, en principio, a grandes villas o asas de campo
señoriales del Bajo Imperio.
La red viaria provincial actual no diferirá mucho del antiguo
trazado romano, al menos, en sus vías principales. Dos grandes ejes cruzaban la
provincia en dirección N-S y E-O, estudiados por corchado Soriano y P.
Sillers. Desde Complutum (Alcalá de Henares) una vía se dirigía hacia el sur
pasando por los actuales términos municipales de La Roda, y La Gineta, y desde
Parietinis, que ha de situarse próximo a Albacete capital, enlazaba con Saltigi
(Chinchilla), y desde aquí la vía Hercúlea tomaba el camino de Almansa por
Corral Rubio y Pétrola. Hacia el sur pasaba por Venta Nueva (Pozo Cañada) donde
se halló un fragmento de columna miliaria conservado en el Museo de Albacete,
para seguir por Illunum hacia Cartagena. Por el suroeste tomaba el camino de
Alcaraz pasando por Lezuza para llegar a Corduba e Hispalis. Ramales secundarios
cubrirían el resto de la provincia.
En torno a las vías se distribuían algunos núcleos de
población conocidos más por referencias documentales que por los escasos
hallazgos habido. tal es el caso de Saltigi, o el de Illunum de donde proceden
algunos mosaicos conservados ene l Museo Arqueológico Nacional. Otra ciudad
importante era la Colonia Libisosanorum, actual Lezuza, de donde procede la
cabeza de Agripina, así como otras piezas fechable sen el siglo I d. C. Abundan
en la provincia las villas romanas del Bajo Imperio. La de Balazote, excavada
por De los Santos Gallego entre 1970 y 1976, pertenecía sin duda a un rico
propietario que la dotó de baños termales, sistemas de calefacción (hipocaustrum),
ricos mosaicos polícromos con temas geométricos, figuras que aluden a los
vientos, y temas marinos. En Tarazona de la Mancha el mismo arqueólogo puso al
descubierto, en 1977, una habitación absidal también perteneciente a una villa.
Se trata de una estación rectangular con cabecera semicircular en alto y con
pavimento de opus rectile, y un nivel más bajo con pasillo de mármol cruciforme
y un mosaico en cada una de sus esquinas (Museo de Albacete).
En cuanto a obras de ingeniería, aparte del acueducto de
Albatana, publicado por Zornoza Sánchez, en 1975, hay constancia de numerosos
puentes sobre le Júcar y en Hellín, estos últimos publicados por J.F. Jordán
Montes.
En algunos yacimientos ibéricos de larga duración se aprecia
más claramente el proceso romanizador. Como ejemplo valga el de la necrópolis
íbero-romana de Hoya de Santa Ana, cuyas tumbas más antiguas son de incineración
y en ocasiones aparecen acompañadas por cerámicas áticas del siglo IV a. C. Las
más modernas, de inhumación, presentan ya materiales netamente romanos; terra
sigillata, vidrio, una moneda de Nerón, y dos estelas con caracteres epigráficos
latinos.
Los tipos más corrientes de piedra granítica, como el
procedente de vizcable (Nerpio), utilizado durante algún tiempo como abrevadero
para animales; de ahí el orificio que posee en el fondo. en la Casa del Alcaide
(Albacete), la sepultura rectangular estaba formada por grandes lajas de piedra.
Excepcional, por lo difícil de su conservación, es el fragmento de sarcófago de
madera hallado en Ontur. De la misma población procede el frente de sarcófago
infantil de mármol blanco, con cartela central, y decorado con relieve,
representando una escena de cacería. El conservado en la Real Academia de la
Historia y procedente de Hellín, donde se halló antes de 1834, es de gran
interés. Es un sarcófago paleocristiano estudiado por M. Sotomayor entre otros
investigadores. El frente está dividido en siete campos por ocho pilastras
estriadas con capiteles corintios, y arcos rebajados. De izquierda a derecha,
las escenas son las siguientes: el milagro de la fuente, la curación del ciego,
los tres centrales con cristo con los Apóstoles, el bautismos de Cristo, y el
sacrificio de Abraham, temas todos sacados del Antiguo y del Nuevo Testamento.
Posiblemente fue realizado en un taller romano, y se fecha a finales del siglo
IV d. C.
Junto a otras sepulturas se han hallado cipos y lápidas de
piedra (generalmente en piedra caliza o arenisca) dedicados al personaje allí
enterrado. Ejemplos son las encontradas en Villapalacios, Jorquera, Nerpio, Casa
del Alcaide, etc. La de Villapalacios está dedicada a los Sagrados Dioses Manes,
después, al igual que sus compañeras, llevan el nombre del difunto, la edad que
tenía, etc., y al final fórmulas como "que la tierra le sea leve", "aquí está",
y otras.
Muy escasas son las esculturas romanas halladas en la
provincia de Albacete. A los relieves esculpidos de los sarcófagos antes
mencionados hay que añadir la cabeza de Agripina encontrada en Lezuza en el año
1950. Mide 18 cm. de altura y presenta el rostro bastante deteriorado. El
cabello, dividido en dos mitades por raya central y con pequeños rizos que le
caen sobre la frente, corresponde al que llevaban las mujeres romanas durante el
reinado del emperador Claudio.
De Zulema procede una pequeña figurilla de bronce
representando al dios Mercurio, y que posiblemente perteneció a algún comerciante
de la zona, pues el culto a este dios en España está directamente ligado con las
actividades comerciales. Finalmente, algunos otros fragmentos escultóricos
proceden de la excavación de la villa romana de Balazote.
Aunque no son esculturas, sino artes
industriales, hay que mencionar aquí a las muñecas halladas por Sánchez Jiménez
en Ontur y que constituyen una de las joyas del Museo de Albacete. Ejemplares de
juguetería de este tipo son escasos, y sólo
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