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Ramón Casas Massó

Fuente: http://www.iealbacetenses.com/

Ramón Casas Massó, arquitecto provincial de Albacete desde 1891, hasta su muerte en 1921, ejerció su actividad profesional a caballo entre los siglos XIX y XX.

La obra más famosa y, de nuevo, demolida, de Ramón Casas Massó es el Hospital Provincial. Un hospital digno era una de las dotaciones pendientes de acometer por la ciudad, ya que el viejo hospital se encontraba a principios del siglo XX en estado de ruina y, además, su emplazamiento era absolutamente desaconsejable para su función: se encontraba ubicado en el solar que hoy ocupa el nuevo Ayuntamiento de Albacete, en pleno centro de la ciudad. Por ello, en el año 1901, la Diputación decide acometer este importante proyecto y se lo encarga a su arquitecto provincial. El nuevo emplazamiento elegido es un solar entre las carreteras de Valencia y Murcia, limítrofe con el paseo de Circunvalación, alejado del casco urbano y de dimensiones suficientes.

 

 

Proyecto de Hospital Provincial para Albacete. 1907. Fachada principal del pabellón de administración y servicios

1907.  Proyecto Hospital Provincial. Plano de emplazamiento. Archivo Diputación de Albacete

 

1907.  Proyecto Hospital Provincial. Archivo Diputación de Albacete

Parece que el arquitecto se entrega a su cometido con una enorme ilusión: lo demuestra que, en el año 1909, publicara un libro de más de 400 páginas titulado Estudios hospitalarios y Memoria descriptiva del Hospital provincial de Albacete para dar a conocer su proyecto. Es posible que, con este gesto, también se propusiera luchar contra el olvido en el que había caído su propuesta y no por falta de interés, sino de medios, de la Diputación. Por esta razón, tuvo que reducir su proyecto en el año 1907 y, de nuevo, en el año 1917, fecha en que esta institución llega a un acuerdo con el Ayuntamiento para acometer las obras de construcción del Hospital, que por fin se acabó  n 1922,un año después del fallecimiento del arquitecto.

Tipológicamente, Ramón Casas Massó dice haberse basado para su proyecto en el Hospital Militar de Madrid y en el de Ependorff en Hamburgo. El esquema de la distribución en planta adopta un sistema de pabellones aislados, ligados entre sí por galerías, de manera qué la disposición es totalmente simétrica, con acceso por un cuerpo recayente a la actual calle de Francisco Javier de Moya. Este hospital fue demolido entre 1982 y 1983, cuando el nuevo, obra de Antonio Escario (1971-1975), es cedido a la Seguridad Social (1981). El proyecto de Escario es, a nuestro juicio, uno de los mejores ejemplos de arquitectura moderna con que cuenta Albacete en la actualidad. Resuelto en un lenguaje completamente racionalista (macizos y vanos alternados en bandas horizontales) y en un estilo internacional, el edificio posee una enorme fuerza y ofrece una imagen muy elegante en uno de los bordes de la ciudad.

Otro de los edificios emblemáticos para la ciudad, obra de Ramón Casas Massó, que también ha desaparecido era el Casino Primitivo, proyecto del año 1900, para su sede de la calle Mayor, que reformará y ampliará Daniel Rubio en el año 1917. La composición de Ramón Casas Massó remite a la idea del pequeño alcázar o palacete urbano en el cual dos cuerpos verticales y laterales amojonan un paño central. En los flancos, los huecos de las dos plantas se hallan perfectamente trabados; en el medio, la continuidad de las claves en los arcos de medio punto de la planta baja con los modillones centrales de los balcones de la planta primera, rematados con frontón, asegura la ligazón. El almohadillado de la planta baja en la sección central se eleva en las pilastras que ritman los tres paños y que se rematan con una comisa sólo interrumpida en su punto medio por el letrero. Tres óculos coronan los tres huecos principales, atados por balaustrada; los de la planta baja 10 están por una imposta. La reforma de Daniel Rubio abrirá, de pilastra a pilastra, los huecos laterales de la planta baja, rematándolos con arcos carpaneles.

Pero no toda la obra de Ramón Casas Massó ha corrido, afortunadamente, la misma suerte. Queda, por ejemplo, en pie su casa de la calle del Marqués de Molíns medianera con el Edificio Legorburo. Es un proyecto del año 1903 y, en esencia, repite la fórmula compositiva utilizada en el Casino Primitivo, sólo que, en esta ocasión y en nuestra opinión, con mucha más fortuna. En primer lugar, porque el desarrollo de la fachada le permite la composición tripartita sin angosturas, con una lectura clara y sosegada. En segundo lugar, porque todo en ella está más insinuado que dicho, de manera que hasta el propio dibujo del alzado es absolutamente abstracto y bellísimo. Posee mucho encanto el que los huecos permanezcan aislados y sólo traben con el resto un diálogo geométrico de correspondencias horizontales y verticales. y es elegantísimo el repertorio decorativo utilizado, el cual sólo se dibuja con detalle en los huecos centrales del alzado, para que el propio dibujo nos hable de la intención del proyecto.

También permanece en pie la casa que Ramón Casas Massó erigió para sí mismo en el año 1904 y en la calle de Carcelén (repetirá la experiencia en el año 1910 y en la calle de los Condes de Villaleal -hoy Gaona-, pero este edificio no se conserva). En esta ocasión, la idea que rige la composición  es absolutamente distinta a las analizadas hasta ahora. El arquitecto traza dos poderosas líneas horizontales en su fachada: la imposta que une, más que separa, la planta baja y la planta primera, y la comisa de la que "cuelga" las ventanas del ático. El recurso a los huecos geminados puede deberse a la intención de ganar luz para los vanos sin triturar los macizos y, con ellos, el aplomo del conjunto. El repertorio decorativo se inspira en el gusto wagneriano o, si deseamos referencias más próximas, en la lectura que del mismo hacen arquitectos levantinos.

La casa de la calle de Gaona a la que nos referíamos antes posee el interés de aportar una nueva (nueva dentro del quehacer de este arquitecto) articulación para su fachada: tres por tres huecos, que son puertas en la planta baja, balcones en la primera y ventanas en la segunda, con encintados horizontales y verticales allá donde conviene, con cierto orden lógico pero de ningún modo académico. El orden de las jerarquías desplaza al de la edificación: quedan, pues, signos de clase, no de fábrica.

Casi al final de su vida, en 1920, Ramón Casas Massó proyecta la fachada para el edificio que ocupa el cuadrante noreste de la actual plaza de Gabriel Lodares, conservada y rehabilitada para la sede central de la Caja de Castilla-La Mancha. El proyecto, cuya documentación gráfica se limita a una perspectiva cónica, respeta la alineación de la plaza (embocadura de la calle Ancha con el parque de Abelardo Sánchez) resuelta en rotonda (el proyecto de Plaza a la entrada del Parque y prolongación de la calle de Tesifonte Gallego es redactado por el entonces arquitecto municipal Daniel Rubio a finales de 1912 quien dibuja, además, una ciudad-jardín a lo largo del actual paseo de Pedro Simón Abril).
La propuesta de Ramón Casas Massó para este enclave singular retorna la idea del pequeño alcázar urbano, de modo que centra y destaca la simetría en la diagonal, re fuerza los flancos avanzándolos sutilmente y deja perderse los paños recayentes a ambos lados: calle Ancha a la izquierda y actual calle de San José de Calasanz a la derecha. Los huecos se someten a este orden principal: tres desiguales y ligados en el centro, dos geminados, en los laterales y al doblar, y uno en los lienzos de "relleno". El poderoso almohadillado de la planta baja asciende una vez más por las pilastras que enmarcan la fachada y todo el conjunto se remata con una balaustrada sobre comisa y un medallón, quizás un tanto excesivo, central. La obra aportó un cambio importante respecto al proyecto (no nos referimos a la decoración, que probablemente fue desapareciendo con el paso del tiempo): para paliar la sensación de agobio que todo este desarrollo imprime sobre una fachada de escasa altura, condicionada posiblemente porque está concebida para "tapar" una construcción anterior, los huecos de las plantas primera y segunda se traban en un solo orden, de modo que sobreviven los balcones en el piso principal, pero se convierten en ventanas en el remate. Con este sabio gesto, la composición recupera una justa proporción de basamento y piano nobile en relación a la cual la coronación entra en razón.  Como apuntábamos, esta fachada, protegida por las ordenanzas municipales y, por lo tanto, conservada, pertenece ahora al edificio central de la CCM en Albacete. La intervención, que la relega a una condición de biombo para tapar y no tapar lo que hay detrás, es obra de los arquitectos Antonio Escario y Francisco Candel, quienes vaciaron absolutamente el interior del inmueble para alojar en él un edificio totalmente funcional y moderno y, en nuestra opinión, ejemplar en su género. Para dejar constancia de que lo nuevo nada o poco tiene que ver con lo viejo, la propuesta adopta, formalmente, en planta, la contracurva de la rotonda y, en alzado, un lenguaje moderno de huecos horizontales a la calle de San José de Calasanz y de Teodoro Camino y un lenguaje abstracto a la calle Ancha que reinterpreta, con conocimiento de causa y con materiales modernos, el clásico.

En resumen: Ramón Casas Massó es un arquitecto sobrio, elegante y con estilo. Siempre hay algo en sus obras que lo identifica como autor. A menudo, se trata del esfuerzo compositivo para resolver el salto de escala que, inevitablemente, se produce entre la calle y la casa. Su aportación a la Rotonda es altamente significativa de su manera de hacer, disciplinada y con buen ritmo. La vida y la obra de Ramón Casas Massó nos han llevado hasta los primeros años veinte del pasado siglo.