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La vendimia en Fuentealbilla

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En el tajo

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En la bodega
Protagonistas
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Reportaje de Vendimias para
el recuerdo
Jrico2.jpg (30284 bytes) La Poda

En el tajo

Todo comienza mucho antes de salir el sol. Las mujeres (por lo general) acuden a las panaderías a comprar unas cuantas barras para el "avío", mientras los hombres echan un vistazo al tractor, remolque, cubos, espuertas y tijeras, para verificar que todo se encuentra en orden y, si sobra tiempo, se van al bar para tomar un café e intercambiar impresiones sobre la jornada precende y la que aguarda.

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Amanecer en Fuentealbilla

Todavía está oscuro pero ya va comenzando una singular procesión. La carretera de Villamalea se lleva la mayor parte del tráfico de tractores, coches con vendimiadores, motos, etc... Dicha carretera conduce a los parajes donde se encuentran la mayor parte de los viñedos: Matallana, La Montanera, El Coral del Duro, etc... Ningún día del año se ve una densidad tan grande de tráfico por carreteras vecinales y caminos. La gente se va preguntando si las cepas estarán o no mojadas, algo que suele ser relativamente común y que dificulta bastante el trabajo al menos hasta la hora del almuerzo. Una vez llegados al tajo, siempre a tiempo de asistir a la salida del sol por encima de las viñas, comienza uno de los últimos trabajos manuales de la agricultura moderna: la recogida de la uva.

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Amanecer en Matallana un dia de vendimia.

En la bodega

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Remolques cargados de uva de bobal esperando para pesar.

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Una vez que la uva llega al "sin fín" comienza el apasionante proceso de elaboración del vino.

El clima y el suelo son fundamentales para conseguir vinos de calidad, pero no menos importante es el proceso de vinificación. Tanto es así que dependiendo de los procedimientos enológicos empleados en la elaboración, de la mejor uva puede salir un mal vino y de una uva deficiente un vino correcto.

Tras la descarga de la uva sobre la tolva de recepción, un "sin fín" la conduce directamente a la estrujadora que presiona el grano lo justo para evitar que pepitas y raspones o escobajos (soporte estructural del racimo) se rompan y contaminen el mosto.

 

La pasta resultante es trasladada por medio de una bomba de impulsión hasta las briseras donde comienza el proceso de separación de mostos. Se deja la pasta con el hollejo y el raspón en las briseras de forma que el zumo vaya escurriendo lentamente por la fuerza de la gravedad o por una ligera presión. "Mosto yema, de flor o lágrima" son los distintos apelativos que reciben estos primeros mostos que son los de más calidad, finos y ligeros, aromáticos, suaves y afrutados. Si se trata de un vino tinto, antes de proceder a éste proceso hay que despalillar la pasta. Los mostos flor obtenidos de forma estática, es decir, por gravedad, deben ser adicionados con anhídrido sulfuroso (SO2) con el fin de retrasar una fermentación que surgiría espontáneamente, debido al tiempo que deben permanecer escurriendo en contacto con el aire.

La pasta sobrante va recibiendo presiones crecientes conforme se va solidificando por falta de líquido. Los mostos "primeros", "segundos" y "terceros" o "mostos de prensa", producto de los sucesivos prensados, van perdiendo calidad. Cada uno fermentará por separado produciendo, lógicamente, distintos tipos de vino.

 

Al final sólo quedarán en la prensa los "orujos dulces o frescos". Esta materia lejos de ser un deshecho, tiene varios aprovechamientos. Como abono o piensos animales si se fermentan los hollejos en ausencia de aire (anaerobiosis); lavados por difusión, se obtienen las "piquetas", las cuales, destiladas, producen alcoholes rectificados y otros derivados, mientras que por destilación directa se consigue el aguardiente de orujo, también llamado orujo o marc.

 

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Rafa nos saluda mientras pone anhídrido sulfuroso en las briseras para retardar la fermentación espontánea de la pasta.

 

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En los últimos años, la bodega de Fuentealbilla se ha dotado de la más moderna tecnología para mejorar el proceso de vinificación.

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Antiguamente el vino se elaboraba y guardaba en tinajas que se almacenaban en el "jaraiz "

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En el 2000 llegaron los primeros barriles de roble para la crianza del tinto cencibel, que posteriormente se embotella bajo la marca "Matallana". Por su parte el blanco Macabeo es embotellado bajo la denominación "El Galayo".

 

 

 

Protagonistas

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Bernardo el de la huerta acaba de llenar
el cubo con uvas de Macabeo

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Con los primeros rayos de sol
Miguel Pardo vendimia en Viaril

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Pablo, entró en la historia de Fuentealbilla al convertirse en el 2000 en "el del grado", un puesto que sólo una persona ocupa cada año, y que es el personaje más visible y popular de la vendimia, como lo es la Reina en las Fiestas del Cristo.

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"La Moncloa" es el lugar de debate por excelencia durante la vendimia. Aquí todos dan su opinión sobre los temas relacionados con la uva. A veces lo que se dice aquí influye bastante en las decisiones que la junta rectora toma en plena campaña de recolección.

Vendimias para el recuerdo

1979 En ese año la cosecha supera todas las expectativas. Tras varios días se empieza a extender el rumor: "No va a caber la uva en la bodega". Parece increible pero el problema se hace evidente. La situación se vuelve problemática. La vendimia se para en busca de un arreglo, pero no es tan fácil. Finalmente se plantea una solución de urgencia, usar una bodega en desuso para almacenar parte del vino ya elaborado de los primeros días. Dicha bodega, situada detrás de la calle La Rambla, algo más arriba del "Chorro Menchorro", es de acceso difícil. Se plantea el problema de cómo llevar el vino hasta allí. La solución la pone "Pepe, el del bar", quien anda enfrascado en su proyecto de poner en regadío varias fincas en "El Hoyo". Pepe proporciona los tubos de canalización necesarios y de esta manera se improvisa un transvase de vino desde la bodega de la Cooperativa a la bodega auxiliar. Dicho transvase se efectua en superficie, con la tubería cruzando la calle. Finalmente la operación tiene éxito y toda la enorme cosecha del 79 puede ser elaborada y almacenada. A grandes problemas, grandes soluciones.

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Pepe El del Bar,
héroe indiscutible del 79.

1988 Varios años de malas cosechas se suceden en la década de los 80. Una nueva ola de emigración azota al pueblo, aunque no tan fuerte como la de finales de los 60 y principios de los 70. En 1988, la primavera es inusualmente lluviosa. Los agricultores se las prometen muy felices ante una cosecha de cereales muy buena. Sin embargo, las lluvias no parecen tener intención de parar. En Junio, se produce el desastre. En el momento de la floración de la uva la humedad reinante es extrema debido a las continuas lluvias. Esto supone unas condiciones idóneas para la proliferación de hongos, y en concreto del temido mildíu. Su desarrollo se produce tan rápidamente que no deja tiempo a nadie para reaccionar. En unos dias se comprueba que el 90% de la cosecha ha desaparecido. En Septiembre el panorama es desolador. Se acude a la viñas a recoger lo poco que ha quedado. Las cepas han desarrollado unos sarmientos enormes pero no hay uva. La campaña se cierra en menos de diez días con menos del 10% de uva respecto a un año normal. 1989 se avecinaba como una año duro. Sin embargo, la mala cosecha del 88 trajo consecuencias favorables para años posteriores.

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Efectos del mildíu sobre hojas y racimos. Esta plaga causó la pérdida
total de la cosecha de uva de 1988 en Fuentealbilla.



1990 Esta fue la mayor cosecha que se recuerda. Puestos a buscar las causas uno podía preguntar a los agricultores en aquella campaña y las respuestas eran casi unánimes: "después del mildíu del 88, las cepas tenían mucha madera y estaban muy fuertes, ...y éste año todo les ha venido bien". En cualquier caso aquel año no hubo necesidad de hacer ningún transvase ya que la bodega había aumentado mucho su capacidad respecto al 79.

1997 Una serie de pedriscos diezman la cosecha en sucesivas ocasiones. Primero se ve afectado el paraje de Los Hitos en dirección a la aldea de Serradiel pero en una fase muy temprana, de modo que parece que las cepas se recuperan. Un segundo pedrisco en la misma zona no deja ya lugar a la esperanza. Posteriormente, otro pedrisco barre una franja desde Matallana a Viaril pasando por La Montanera. Casi todo el mundo tiene alguna viña afectada. Comienza la recolección y a los pocos días empiezan las lluvias y un nuevo pedrisco, que esta vez afecta a las uvas ya maduras. Hay que actuar rápido para salvar lo que ha quedado antes que se pudra a causa de los granos reventados por el pedrisco. El final de la vendimia se convierte en una odisea con un trabajo descomunal ya que la humedad impide a los tractores entrar el las viñas y hay que sacar la uva a mano hasta la orilla. Además, el vino resultante es de muy baja calidad.

1998 Tras las penurias de la campaña anterior, en 1998 todo el mundo tiene puesta su mirada en la nueva estrella de la vendimia, la variedad Cencibel, cuyas primeras cepas se injertaron 2-3 años atrás y que iban a producir su primera cosecha ese año. Fueron escasamente 27.000 litros (aproximadamente el 0.5 % de la cosecha) pero una parte de ellos fueron embotellados constituyendo el primer Tinto Cencibel producido en Fuentealbilla.

La Poda

Las nieves navideñas a veces traen aparejado un parón de la campaña de poda.

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Podar consiste en eliminar uno de los dos sarmientos que hay en cada brazo de la cepa (generalmente se elimina la "saca", que es aquel que se encuentra más arriba) y cortar el otro (sería entonces la "brocá", que es el sarmiento más próximo al cuerpo de la cepa) de forma que se dejen únicamente dos yemas (que darán lugar a las nuevas "saca" y "brocá" al ano siguiente). Una práctica habitual en las cepas que muestran gran vigor es dejar algún sarmiento con más yemas ("jarro") para forzar así a que dé más uvas.

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