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La proclamación de la II República en una provincia
monárquica: Albacete 1931. Por Manuel Requena Gallego,* publicado en el
Boletín de información "Cultural de Albacete", enero 1991, (número 49).
Introducción
Desde hace más de dos décadas los
historiadores vienen debatiendo sobre la trascendencia de las elecciones
municipales de Abril de 1931 y su responsabilidad en la proclamación de la II
República. Han proliferado visiones enfrentadas en la utilización de datos y su
valoración, propiciadas por la actitud partidista y por la ausencia de cifras
fidedignas sobre la total nacional. 1 Se ha escrito mucho sobre le tema, pero en
realidad son escasas las investigaciones a escala provincial que aporten luz a
la ausencia de cifras globales fiables. Ello ha favorecido la reiterada
repetición de tópicos que convendría revisar.
Algunos historiadores han destacado la descomposición del
sistema caciquil, el desquebrajamiento de los monárquicos y el triunfo
republicano en las ciudades y capitales de provincia en Abril de 1931, con la
finalidad de explicar, o tal vez justificar, la proclamación de la República y
darle un carácter democrático y plebiscitario. Sin embargo , estos rasgos no se
dieron en muchas provincias, entre ellas la de Albacete.
De los datos parciales conocidos, podemos generalizar, aun a
riesgo de equivocarnos, que la izquierda no contó con mayor apoyo electoral que
los monárquicos. Ello nos permite afirmar que a la República no la trajeron las
urnas, sino el pueblo en la calle. Al menos así ocurrió en Albacete y
en otras muchas provincias. Sin embargo, el desenlace de los comicios jugó un
papel clave en la crisis; fue el detonante que puso en funcionamiento otros
elementos latentes como el descontento de un sector del Ejército, las Juntas conspiratorias republicanas, etc., los cuales propiciaron la caída de Alfonso
XIII.
El caso de Albacete puede ser ilustrativo de lo acontecido en
una provincia agraria, donde a pesar del amplio triunfo monárquico en las
municipales de 1931, ésta colaboró con su movilización a la llegada de la
República. El tema no está cerrado y se necesitarán muchos más estudios
provinciales para poder llegar a una síntesis esclarecedora. Nosotros aquí
simplemente nos hemos limitado a reflexionar a partir de los datos localizados
sobre la provincia de Albacete.
1. LAS ELECCIONES MUNICIPALES; DETONANTE DE LA LLEGADA DE LA
II REPUBLICA
El Gobierno de concentración nacional del Almirante Aznar
convocó elecciones municipales para el 12 de Abril, con la seguridad de que era
mejor medio de lograr, de forma paulatina, la vuelta a la monarquía
constitucional. Dicha consulta supuso la celebración de comicios en 86 pueblos
de la provincia y la renovación de 943 concejales. Para facilitar la victoria
monárquica, el gabinete Aznar nombró gobernadores adictos. Para Albacete se
designó al liberal demócrata Julio Fernández Codórniga, quien, a pesar de sus
declaraciones de neutralidad, intervino como mediador ante las fuerzas
dinásticas con la finalidad de conseguir candidaturas unitarias.
Los partidos proclives al monarca fueron coaligados en los
municipios donde el republicanismo podía suponer un peligro, como sucedió en
Caudete, Hellín, Almansa, Albacete, etc. Presentaron contendientes a todos los
puestos, allí donde las fuerzas antidinásticas eran débiles, como en El Bonillo,
Mahoma, Molinicos, Pozo-Lorente y Yeste. Únicamente aparecieron candidaturas
monárquicas enfrentadas donde la oposición se ausentó. Resulta evidente que los
argumentos esgrimidos por la derecha sobre su desunión para justificar su
derrota, no concuerdan con la realidad albacetense. Dicha unidad fue un logro
que resultó mucho más costoso a los dinásticos que a las fuerzas de izquierdas,
ya que republicanos y socialistas mostraron desde el primer momento una decidida
actitud pactista. Éstos completaban sus coaliciones hacia el 22 de Marzo,
mientras aquéllos lo conseguían con bastantes dificultades a finales de mes, a
causa del desacuerdo en el reparto de puestos y de actitudes personalistas.
A pesar del interés y del esfuerzo mostrado en la lucha
electoral por las organizaciones albacetenses de izquierda, éstas solamente
presentaron contendientes en el 30 por ciento de los pueblos, porcentaje
superior al alcanzado durante la Restauración, pero que, a su vez, muestra la
relativa debilidad de las fuerzas republicanas en los inicios de 1931.
Se vivió una intensa campaña electoral, en un ambiente de
entusiasmo desconocido en Albacete con anterioridad. Propaganda en la prensa,
carteles, mítines y panfletos fueron los medios utilizados, no sólo en la
capital y ciudades importantes, sino también en varios pueblos. Monárquicos y
republicanos realizaron un esfuerzo significativo para atraerse al electorado,
aunque los segundos emplearon mayor profusión de medios. Conscientes de la
ingente labor de contrarrestrar la influencia caciquil, recorriendo al menos, 17
localidades donde celebraron, como mínimo, 22 actos electorales. El discurso
propagandístico tendió a la simplificación del mensaje y a la descalificación del
adversario, situándose en primer plano el carácter plebiscitario de la
contienda. Los dinásticos identificaron orden y
progreso con la Monarquía, mientras la oposición auguró que solamente con la
República llegaría la democracia y la libertad.
Los resultados de la elecciones de Abril muestran que el
triunfo monárquico fue claro y contundente en la provincia de Albacete, más
rotundo en el caso del artículo 29 que en la contienda del 12 de Abril. La
izquierda, aunque mejoró su apoyo, quedó bastante distanciada de sus oponentes
sin poner en peligro la hegemonía de éstos.
El artículo 29 de la Ley electoral de 1907 establecía que en
aquellos municipios donde coincidiese el número de candidatos proclamados con el
de puestos, no se celebrarían elecciones, sino que, automáticamente, éstos
quedarían designados concejales. El 5 de Abril finalizó el plazo de presentación
y en 36 pueblos figuraba la única lista, por lo cual se aplicó dicho articulo. Ello supuso el nombramiento
de 354 concejales (37,5% del total) e impidió ejercer el voto a 20.406 electores
(27,3%), porcentaje superior a la media nacional (20%) e inferior al de
Castilla-La Mancha (32%). Tanto en Albacete como en el resto de las provincias
castellano-manchegas, la soberanía popular quedó escamoteada, práctica ya
habitual, aunque más acentuada, por estos lares durante la Restauración. A pesar
del interés político despertado ante esa contienda, el interés de privatización
del sufragio se mantuvo alto. Preferentemente, se aplicó el artículo 29 en los
pueblos de menos de mil habitantes (en el 75% del total), localidades
esencialmente agrarias, de tradición caciquil y con escasa o nula presencia de
organizaciones de izquierdas.
La victoria dinástica fue aplastante con 287 ediles (81% del
total) frente a 23 republicanos (6,5%) y 4 socialistas (1,1%)2. Ello representa
una proporción de 10 a 1 favorable a los primeros, quienes consiguieron un
resultado más abultado que el del 12 de Abril. El reparto por distritos confirma
el mantenimiento de las redes caciquiles: los conservadores se impusieron en los
de Alcaraz y Almansa, dominados por el datista José Acacio Sandoval y el
ciervista Marqués de Montortal, respectivamente; los liberales ganaron a sus
feudos de Casas Ibáñez y Hellín.
El 12 de Abril se celebraron contiendas en aquellas
poblaciones donde se enfrentaban dos o más candidaturas. Participó el 76,6 por
ciento del electorado, superando en diez puntos la media nacional y en dos, la
de Castilla-La mancha. El interés despertado y la manipulación de las actas
posibilitó la obtención de un porcentaje tan alto. La mayor afluencia a las
urnas se registró en las zonas rurales (90% del electorado), donde era
relativamente fácil la coacción y los amaños electorales. En las ciudades, los
índices bajaron, situándose alrededor del 65 por ciento. Estos reductos
eran, tal vez, los únicos auténticamente representativos de la voluntad popular,
por la dificultad de llevar a cabo componendas en los comicios.
Nuevamente los dinásticos obtuvieron otra abultada victoria
al lograr 327 ediles frente a los 79 republicanos y 19 socialistas. Aquéllos
habían conquistado el 66 por ciento de los cargos frente al 20 por ciento de los
antidinásticos y controlaron 36 municipios de los 41 estudiados: en 25 ocuparon
todos los puestos y en 11, la mayoría. El apoyo a la izquierda se había
incrementado y, por primara vez, ésta regía los consistorios de la capital,
Almansa, Tobarra, Madrigueras y Corral-Rubio. Además estuvo presente como
minoría en diez localidades.
También fue amplia la ventaja monárquica en cuanto a votos.
Ésta alcanzó 18.905 sufragios (62%) frente a los 11.767 (38%) de la oposición.
Ganaron no sólo en los núcleos rurales, más propensos a la manipulación
electoral, sino también en la mayoría de las ciudades de más de diez mil
habitantes, donde existía una relativa madurez política.
Únicamente logró triunfar la izquierda con holgura en las dos
urbes más industrializadas, la capital y Almansa. Queda suficientemente
documentado que el electorado albacetense secundó mayoritariamente a los
monárquicos, con más intensidad en los municipios pequeños y medianos que en los
grandes. Aunque se tuviese menos en cuenta los resultados en las zonas rurales
por su carácter gubernamental y falta de opinión política propia, y se primasen
los votos de las ciudades, la victoria en la provincia de Albacete seguiría
siendo dinástica.
Con la agrupación de los resultados de las dos contiendas
celebradas en Abril, se arriba a una visión completa del comportamiento
electoral en las municipales de 1931 y que queda reflejada en el cuadro I.
El respaldo a la candidatura monárquica fue masivo. En los
setenta y siete pueblos de donde se ha obtenido información, lograron 614 ediles
(72,4%), a los cuales se podría añadir muchos de los 109 clasificados como
independientes o indefinidos. Los partidos turnantes habían vuelto a recuperar
su poderío en sus respectivos feudos, repitiéndose una situación bastante similar
ala de 1923.
La izquierda, aunque derrotada, consiguió su mejor
representación: ciento dos republicanos (12%) y veintitrés socialistas (2,7%).
Los primeros aventajaron a los segundos en una proporción de cuatro a uno. Su
incremento se circunscribió a las ciudades grandes e industrializadas (la
capital y Almansa) y a algunos municipios con cierta tradición republicana, como
Hellín, Tobarra, Madrigueras, Tarazona de la Mancha, Caudete, Corral-Rubio e
Higueruela.
CUADRO 1
RESULTADO DE LAS ELECCIONES MUNICIPALES EN ALBACETE. ABRIL
1931
| |
MONÁRQUICOS |
REPUBLICANOS |
SOCIALISTAS |
INDEP./INDEF. |
| Nº |
% |
Nº |
% |
Nº |
% |
Nº |
% |
|
Artículo 29 (36 municipios)... |
287 |
81 |
23 |
6,5 |
4 |
1,1 |
40 |
11,4 |
|
Elección (datos de 41 municipios de los
50 donde se vota)................................ |
327 |
66,3 |
79 |
15,8 |
19 |
3,9 |
69 |
14 |
|
Total (77 pueblos sobre un total de
86)............... |
614 |
72,4 |
102 |
12 |
23 |
2,7 |
109 |
12,9 |
| Datos del "Anuario"..... |
361 |
38,3 |
359 |
38,1 |
69 |
7,3 |
154 |
16,3 |
Elaboración propia
El Esfuerzo propagandístico y organizativo
durante 1930 resulto insuficiente para romper las restauradas redes caciquiles.
En síntesis, los dinásticos controlaron 61 ayuntamientos, los republicanos siete
y nueve los independiente o indefinidos.
De todo lo expuesto anteriormente se deduce que no son
aplicables a la provincia de Albacete las conclusiones elaboradas por Tusell
para Andalucía. Éste defiende, ante los resultados de las lecciones andaluzas,
que la crisis del sistema político de la Restauración había llegado a su fin,
con el caciquismo y la oligarquía como los grandes derrotados. Albacete no
siguió esta tónica. Aquí el mecanismo de la Restauración funcionó, y los
monárquicos lograron una resonante victoria en el campo y en la ciudad, donde
los caciques jugaron un papel destacado al recuperar el poder en sus distritos.
Mientras tanto, el crecimiento de las fuerzas de oposición no ponían en peligro
el sistema. Algo parecido sucedió en otras provincias agrarias como Álava,
Zamora, Navarra. Entonces cabría preguntarse. ¿En razón de qué se proclamó la
República? Es indudable que las elecciones del 12 de Abril fue el elemento
detonante de la caída de la monarquía, pero no porque los resultados globales
fuesen favorables a los republicanos, sino porque, tras el triunfo en la mayoría
de capitales de provincia, se desencadenó un proceso complejo de movilizaciones
y negociaciones que ocasionaron el final del reinado de Alfonso XIII.
2. LA PROCLAMACIÓN DE LA II REPÚBLICA: ENTRA LA
NEGOCIACIÓN Y LA PRESIÓN POPULAR
Los republicanos y los socialistas no esperaban lograr un
cambio inmediato de régimen como consecuencia de las lecciones municipales,
aunque las consideraban un primer paso en el proceso revolucionario iniciado.
Azaña y Largo Caballero mostraron su pesimismo al considerarlas de escasa
credibilidad e impacto. Lerroux reconocía en sus Memorias que nadie
esperaba un cambio de régimen a consecuencia de la contienda del 12 de Abril.
Tal vez, fue Miguel Maura quien más veces manifestó su confianza en el triunfo y
en su trascendencia política como detonante de un proceso revolucionario.
En este sentido se expresó, víspera de la elecciones, en el Defensor de
Albacete:
"Creemos en el triunfo en todas
las poblaciones y pueblos de importancia. Al ser así nuestro triunfo, el
aspecto de España cambiará radicalmente al conocerse el resultado de la
votación. En todo caso cualquiera que fuese el resultado no es más que un
episodio de la revolución en marcha. Pero dado el estado actual de los
espíritus y la saturación de rebeldía que existe en la conciencia liberal de
España, el más leve episodio, puede hacer desbordar el vaso". 3
Se podría calificar de profética esta
visión, pues a partir de hacerse público, el día 12 por la noche, el
sorprendente triunfo republicano en la mayoría de las capitales de provincia, se
sucedieron todo tipo de acciones pacíficas, tanto de negociación como de
presión, encaminadas a derrocar al régimen. Dentro del Comité Revolucionario surgieron discrepancias
sobre la estrategia a seguir: Maura deseaba forzar la situación y conseguir la
caída de Alfonso XIII; Largo Caballero y Fernando de los Ríos proponían esperar
el veredicto de las próxima elecciones a Cortes. Toda España vivió en constante
expectación durante el día 13 ante los derroteros políticos que tomaría la
nación. En Madrid, mientras el Gobierno buscaba una salida no perjudicial para
la Monarquía, el Comité Revolucionario dudaba sobre la conveniencia de realizar
el asalto al Poder, pues la utilización de las masas populares podría desembocar
en una acción de violencia incontrolada y en una represión imprevista.
Ambos se dedicaron a ampliar sus contactos antes de tomar decisiones. Entre
tanto, en algunas capitales se realizaron las primeras manifestaciones a favor
de la República. Sin embargo, en Albacete, el Comité Republicano decidió no
promover protesta alguna durante el día 13, ante la ausencia de órdenes concreta
de Madrid. El paso de las horas favoreció a la izquierda, al constatarse que ni
el Ejército ni la Guardia civil estaban dispuestos a actuar contra los
manifestantes en defensa del Rey. El 14 por la mañana se respiraba una expectación inusitada en
la capital albacetense. Por doquier, grupos discutían sobre la actitud del
Gobierno y el Rey ante la situación. Los rumores y las noticias circulaban de
boca en boca. Pero de la expectación no se pasó a la acción, pues los
republicanos y socialistas esperaban las órdenes de sus dirigentes. Mientras, en
Madrid, el Comité Revolucionario decidió exigir el traspaso de poderes y la
salida inmediata de España de Alfonso XIII. El Gobierno se resistía, aunque en
algunas ciudades como Eibar y Barcelona ya se había reclamado la República. Por
su parte, los dirigentes de la izquierda albacetense permanecían espectantes en
el Círculo Republicano y en comunicación directa con Giral, 4 a través de los
buenos oficios de colaboradores desde sus puestos de telégrafos y teléfonos. Se
había conservado el entramado conspiratorio, montado para la sublevación
fracasada de Diciembre de 1930, con el fin de estar preparados para realizar una
movilización en caso necesario. Pero la indecisión del Comité Revolucionario
impidió su puesta en marcha hasta el 14 a primeras horas de la tarde, cuando
casi todo estaba decidido. Fue a las 16,30 horas, después de una conversación
telefónica entre Arturo Cortés y Giral, cuando se accionó el plan de actuación
para ocupar los centros de poder y proclamar la República. Inmediatamente, los
republicanos Cortés y Nicolás Belmonte se personaron en el Gobierno civil,
solicitando al Gobernador demócrata, Julio Fernández Codórniga, la entrega del
mando. Después de conseguirlo, Arturo Cortés se marchó a Madrid al ser requerido
por el Comité Nacional.
Con certeza de no encontrar resistencia en las fuerzas del
orden, se inició inmediatamente una manifestación. Tanto el Albacete, como en el
resto de las capitales castellano-manchegas, funcionó una previa negociación
para asegurarse la cesión de los cargos y evitar una represión contra los
manifestantes cuando éstos saliesen a la calle a proclamar la República. En la
mayoría de los casos se logró romper la resistencia de las autoridades
monárquicas. Pero cuando la oposición del Gobernador civil y/o del Jefe de la
guardia civil era inmutable, se aplazaba la movilización popular y la toma de
poder, como sucedió en Ciudad Real.
Hacia las cinco de la tarde comenzaron a congregarse un
numeroso contingente de personas ante el Círculo Republicano. La noticia se
expandió rápidamente y comenzaron a afluir una ampliar masa de gente. Ondeaban
algunas improvisadas banderas republicanas y se lanzaban constantes vivas a la
República. Cuando se inició la marcha, presidida por concejales republicanos y
socialistas y miembros de la Casa del Pueblo y de la directiva republicana, las
calles estaban repletas de público. El recorrido discurrió por San
Agustín, el Tinte, la Caba, la Feria,... Durante el itinerario la alegría
embargaba, no sólo a los congregados, sino también a muchos de los que desde el
balcón la contemplaban, lanzando vítores los cuales eran coreados por una
multitud jubilosa. Uno de los momentos más emotivos se produjo cuando los
manifestantes se detuvieron ante la casa del octogenario republicano Manuel
Alcázar quien desde el balcón dirigió unas emocionadas palabras que fueron
contestadas con un calurosos aplauso. Al llegar la comitiva al Altozano, el
desplazamiento de los congregados resultó prácticamente inviable, mientras el
público enfervorizado saludaba con una prolongada ovación y continuos vivas a la
República. La presidencia de la manifestación entró en el Ayuntamiento y se hizo
cargo de él sin encontrar resistencia. A continuación, se izó la bandera
tricolor desde el balcón entre frenéticos aplausos, y el republicano Alberto Ferrús proclamó la instauración oficial de la República en Albacete. La multitud
continuó su recorrido hasta la Casa del Pueblo donde el socialista Huerta
Valcárcel después de dirigirles unas palabras les exhortó se disolviesen
tranquilamente y mantuviesen el orden. Tema de máximo interés para los nuevos
responsables por las múltiples referencias en los discursos de este día tanto en
la capital como en los pueblos. Su esfuerzo se centró en efectuar una
"revolución pacífica".
La toma de poder en las provincias sirvió de barómetro para
comprobar la capacidad de resistencia de los monárquicos a ceder el mando. Ante
el éxito, horas después, el Gobierno revolucionario desbancó al Gobierno Aznar y
anunció la República en toda España. ¿Fue la movilización en las provincias una
estrategia preparada con el fin de conocer las posibilidades de conquistar el
poder? ¿Hubo una trama donde las provincias debían adelantarse a manifestar su
oposición al régimen? Faltan datos que lo demuestren, pero en el caso de
Albacete, hay claros indicios de que existió y funcionó una junta conspiratoria.
Durante unas horas, entre las cinco y las ocho de la tarde,
se vivió una dualidad de poderes: mientras el Gobierno era monárquico, el
control de la provincia de Albacete estaba en manos de los republicanos.
Esto se resolvió rápidamente con la dimisión del gobierno Aznar y la salida de
España de Alfonso XIII. Ante la acefalía, las fuerzas revolucionarias
albacetenses decidieron nombrar un Comité que asumiese provisionalmente el
control provincial. Para ello, se reunieron representantes de Alianza
Republicana y del Círculo Republicano y los presidentes del P.S.O.E. , U.G.T. y
Agrupación al Servicio de la República y asignaron la presidencia a Nicolás
Belmonte de Alianza Republicana; vicepresidencia a Rodolfo Martínez Acebal de la
Agrupación al Servicio de la República; las vocalías, al republicano Daniel
Castellanos y a los socialistas Marcial Frigolet, Guillermo Fernández y Eleazar
Huerta Valcárcel. Elaboraron un manifiesto dirigido al pueblo donde pedía
colaboración para asegurar el tránsito a la República.
"Ciudadanos del Albacete
La República ha constituido, con carácter provisional. un
Comité Ejecutivo al único objeto de mantenimiento del orden para asegurar la
tránsito a la normalidad republicana.
Nuestra principal fuerza es nuestra confianza y la general fe
en la causa. Con eso y con la cultura del pueblo de Albacete, ya demostrada,
aspiramos a seguir dando un orgulloso ejemplo a la Humanidad.
Os pedimos que entretando no estén constituidas las
autoridades locales y provinciales seáis vosotros los guardadores del orden
sin que nosotros hayamos de actuar...
¡Viva la República! ¡Viva España!
¡Viva Albacete!
Albacete 15 de Abril de 1931. El Comité Ejecutivo de la República".
5
Con ello se reconocía públicamente el
protagonismos del pueblo y su papel en el mantenimiento del orden, preocupación
constante en otras proclamas como las de Córdoba y Santander, que reflejan el
interés prioritario prestado a este tema por el Comité Revolucionario de cada
provincia.
El ambiente festivo se mantuvo en las calles céntricas de la
capital hasta bien entrada la noche, sin ocasionar destrozos en estatuas o
edificios. La alegría del triunfo hizo olvidar el deseo de venganza. Esa misma
tarde también se anunció la República en algunos pueblos con mayoría de
izquierdas, como en Almansa y Tobarra. Pero también se realizó en los
ayuntamientos monárquicos de Caudete, Chinchilla y Hellín. Al día siguiente las
calles de la capital y algunos pueblos estuvieron concurridísimas. El cierre de
los comercios e industrias, por declararlo día festivo, favoreció la animación y
el público confluyó en las calles céntricas, donde menudearon expresiones de
alegría a lo largo del día, a través de manifestaciones de diversa índole. El
caso más singular acaeció en Caudete donde desfilaron juntos las autoridades
cesante y los directivos republicanos. Era uno de los muchos ejemplos de la
temprana aceptación del nuevo régimen.
La prensa albacetense adoptó una actitud positiva o no
beligerante ante la naciente República, valorando muy favorablemente la
normalidad con que se había realizado el cambio. El tema había despertado la
imaginación popular, como lo reflejan los artículos , las viñetas y poemas de
estos días. He aquí uno de ellos:
"Catorce de Abril. Gran día
para la España naciente
Resplandece la alegría
en el rostro de la gente
El pueblo español callado;
sin tiros ni algarabía,
a todos ha demostrado
su enorme soberanía.
¿Qué ejemplo de sensatez
ha dado la raza hispana,
imponiendo de una vez
su voluntad soberana!".6
La transición a la
República fue totalmente tranquila en Albacete, pues no se manifestó resistencia
al cambio. Entre las fuerzas dinásticas, desorientadas por la marcha de Alfonso
XIII, un sector permaneció inactivo mientras el otro se pasaba al nuevo régimen.
3. TRASPASO DE PODERES
Después de proclamada la República lo más rápidamente posible
a la transmisión de poderes. El mismo 14 por la noche, por orden del Ministro de
Gobernación, se hizo cargo del Gobierno civil, de manera provisional, el
presidente de la Audiencia, Enrique Rubio. Sin embargo, el Gobierno necesitaba en
estos puestos a hombres de confianza desde el primer momento, por lo cual,
decretó con presteza sus nombramientos. En todas las provincias se designaron
gobernadores republicanos, con preferencia de centro-derecha, imprimiendo un
carácter inicialmente moderado a la República, Para Albacete se nominó al
presidente del Círculo Republicano, Arturo Cortés Ortiz, por su gran amistad con Azaña y Giral, quienes requirieron su presencia en Madrid la misma tarde del 14
de Abril y es muy probable que en esa entrevista se decidiera el nombramiento
para este cargo en su propia tierra. Tres de los cinco designados en las
provincias castellano-manchegas, pertenecían a la Derecha Liberal Republicana.
Algo relativamente normal teniendo en cuenta la adscripción a este partido del
Ministro de Gobernación.
La urgencia del momento impidió esperar el tiempo
reglamentario en el traspaso de poderes en los pueblos. En los días siguientes
tomaron posesión los nuevos concejales, dentro de un ambiente poco crispado,
según se refleja en las Actas municipales, donde la actitud diplomática ocultó
parte de la presión existente. En algunos caos, los ediles monárquicos
decidieron ausentarse de la toma de posesión del nuevo consistorio para evitar
tensiones o desórdenes. Así lo hicieron los dimisionarios de Hellín y Tobarra y
los elegidos en la capital. En ésta, durante la sesión, se dio un ejemplo de
esfuerzo por parte de los dos contendientes para establecer una concordia de
cara a un eficaz gobierno local. En primer lugar, el alcalde monárquico, José
María Blanc manifestó al Gobierno provisional y al Ayuntamiento republicano su
deseo del mayor acierto en su gestión. En correspondencia, al alcalde
accidental, el republicano Ferrús, sugirió el alejamiento de todo sectarismo y
confrontación política y señaló, que quienes cesaban lo hacía dignamente y sin
humillaciones.
En algunos concejos con mayoría monárquica, para
congraciarse con el nuevo régimen, se eligió alcalde republicano. Los diecisiete
ediles dinásticos hellineros votaron en blanco para permitir al azañista, José
María Silvestre acceder a la alcaldía. Algo similar acaeció en Chinchilla y
Caudete. En otros, la mayoría del consistorio (ya fuesen liberales,
independientes o conservadores) se pasó al republicanismo, como sucedió en
Alcadozo, Alcalá del Júcar, Casas Ibáñez, Nerpio, Villatoya...
Se dieron casos de destitución de Ayuntamientos monárquicos
después de haber sido constituidos en El Bonillo, Chinchilla..., al aceptar
reclamaciones electorales realizadas posteriormente. En otras ocasiones, el
Gobernador civil se adelantó a la toma de posesión de los nuevos concejales al
requerir telegráficamente del Comité Republicano-Socialista su presencia en el
consistorio y el nombramiento de una Comisión Gestora para regirlo
provisionalmente, compuesta por una persona designada por ellos por cada distrito
electoral. con este telegrama se presentaron en el consistorio (en Villarrobledo
les acompañaba el capitán de la Guardia civil) y obtuvieron sin dificultad el
traspaso de poderes. Se crearon gestoras, por este procedimiento en
Villarrobledo, La Roda... En alguna ocasión, por iniciativa de la
Conjunción, como sucedió en Mahora y en otras, como en Munera, fue el mismo
Alcalde quien citó, el día 15, al Comité Republicano con el fin de que se
hiciera cargo del poder. Con estas destituciones y con el paso al
republicanismo de algunos concejales se debilitó la gran victoria monárquica.
La primera labor de cada consistorio republicano fue suprimir
los nombres de las calles que hicieran referencia al anterior régimen y
cambiarlos por otros de connotaciones revolucionarios como República, Pablo
Iglesias, Fermín Galán, etc. De esta manera se exteriorizaba que algo estaba
cambiando. Las formas iniciaban su mutación pero los hábitos caciquiles y
mentalidades tradicionales perduraron por mucho tiempo.
El 25 de Abril la Diputación monárquica fue sustituida por
una Comisión Gestora, nombrada con carácter interino por Arturo Cortés, con
arreglo al decreto del 21-4-1931. Éste atribuía al Gobernador civil la facultad
de designar un diputado entre los concejales de cada uno de los distritos.
Con este decreto se prescindía del sistema electoral que había funcionado
durante la Restauración y se reforzaba el papel centralizador del Gobierno a
decidir, a través del Gobernador, los componentes de la Diputación. La derecha
criticó esta medida que marginaba de esta institución a sus representantes.
Estuvo inicialmente integrada por cinco diputados, uno por
distrito electoral: los republicanos Enrique Navarro Espacia (por
Albacete-Chinchilla), Francisco Gaspar Huelves (por Hellín), Teófilo Prados
Sevilla (por la Roda) y Emérito Cádiz Cózar (por Alcaraz); y el socialista José
Hernández de la Asunción (por Almansa-Casas Ibáñez). Hubo negociación entre los
partidos gubernamentales sobre la distribución de puestos, quedando excluida la
derecho no republicana. La nominación de cuatro republicanos y un socialista
respondía a la proporción alcanzada en las elecciones municipales por ambos.
En cambio, en el reparto ente los republicanos los azañistas resultaron muy
beneficiados con tres escaños y perjudicados los radicales y los
radical-socialistas, sin ninguno. La otra vacante fue para la Derecha
Republicana, cuya Secretaría Nacional propuso a Teófilo Prados para ocuparlos.
Tres semanas más tarde, a solicitud de la gestora, se amplió la representación
del distrito de Albacete con dos miembros más, el republicano Idelfonso Vida
Serrano y el Socialista Abraham González, Blanes. De esta manera, la composición
definitiva de la Diputación fue de cinco republicanos y dos socialistas.
Enrique Navarro Espacia, fue elegido presidente y Francisco
Gaspar Huelves vicepresidente, ambos azañistas, con lo cual se completó la
hegemonía de Acción Republicana al controlar los principales resortes del poder
provincial. Las Gestoras provinciales de la región castellano-manchega
estuvieron formadas por miembros de los partidos gubernamentales con mayoría
republicana, así como su presidente, excepto en Cuenca, cuyo cargo estuvo
ocupado por el socialistas Gregorio Manuel Fernández Redondo.
El Gobierno republicano provisional consiguió, a través de
los diversos mecanismos descritos anteriormente, situar a sus seguidores en los
órganos de poder local y provincial, a pesar de que los monárquicos habían
alcanzado un gran triunfo electoral en Albacete. Se procuraba beneficiar a la
República y debilitar a los dinásticos en sus reductos, aunque para ello
empleasen métodos de dudosa legalidad, como la destitución de ayuntamientos. De
esta manera se sentaron las bases para fortalecer al nuevo régimen. Las
victorias posteriores de la izquierda en los comicios municipales parciales del
31 de Mayo y en los a Cortes constituyentes de ese años posibilitaron su
consolidación.
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* MANUEL REQUENA GALLEGO, nació en Santa Ana (Albacete). Es
Doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona. Profesor en la
Facultad de Económicas y Empresariales de la Universidad de Castilla-La Mancha,
miembros el Instituto de Estudios Albacetenses y codirector del Centro de
Documentación de las Brigadas Internacionales.
Ha publicado diversos trabajos sobre Historia de
Albacete y de Castilla-La Mancha en el siglo XX. Actualmente, coordina y colabora
en la realización de la Historia de la Diputación de Albacete
1. Los errores del Anuario
Estadístico 1931 son tan graves que es aconsejable desecharlos.
2. A.H.N. , Serie Gobernación, Legajo 30. el Anuario ofrece unos datos
totalmente diferentes y erróneos: 125 monárquicos, 156 republicanos y 12
socialistas.
3. Declaraciones de Miguel Maura al Defensor de Albacete, 7-4-1931.
4. El contacto directo con Giral se debió a la amistad de éste con los
republicanos albacetenses, fraguada por la meditación del ya desaparecido Martí
Jara. Este mismo enlace se utilizó en la fracasada conspiración de Diciembre de
1930.
5. Defensor de Albacete, 16-4-1931.
6. Defensor de Albacete, 16-4-1931.
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