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Literatura oral de los niños de Albacete canciones de cuna y juegos de los primeros años. Por Francisco Mendoza y Juana Agüero, artículo publicado en el Boletín Informativo "Cultural Albacete",  mayo de 1991 (número 53).
 

Literatura oral de los niños de Albacete: canciones de cuna y juegos de los primeros años
 

    Como se ha dicho tantas veces, y de distintas formas, en la actualidad el Folklore –más en concreto, la literatura oral- está moribundo, es casi residual. Cada día mueren personas que se llevan a la tumba –a la nada- tesoros de sabiduría popular no transmitidos por falta de continuadores ni recogidos por un colector que acertara a pasar por allí. Esto representa una gran pérdida para la Humanidad, comparable a la continua extinción de especies de animales y vegetales.
    Y sin embargo, la literatura oral parece tener siete vidas, como el gato, pues en los últimos años siguen apareciendo joyas insospechadas, nunca recogidas, por ejemplo romances como Sayavedra o El Cid pide parias al moro, en La Gomera; y otros, igualmente rarísimos, en la misma capital del reino.
    Son excepciones brillantes y consoladoras, pero excepciones al fin. El progreso –mayormente material- se lleva por delante muchas cosas, incluso pueblos enteros, degrada la naturaleza y destruye la cultura rural, tradicional. Y si esa aculturación es visible en todos los tramos de edad, la desfolklorización resulta especialmente lamentable en los adolescentes y en los niños, todos ellos nacidos con la televisión, los vaqueros, la coca-cola y las hamburguesas. Las estudiantes de bachillerato no saben refranes –entre otras cosas- y los niños de hoy, en vez de reñir a pedradas, prefieren matar marcianos –o, lo que es peor, vietnamitas- en una máquina de bar o en su propio ordenador: afortunadamente, quedan las niñas, y ya se sabe que el Folklore es mujer.
    En las encuestas que dieron lugar a la Antología de romances orales recogidos en la provincia de Albacete, de F. Mendoza, fueron apareciendo materiales infantiles, que en parte pasaron a dicho libro. Al concebir la idea del trabajo que el lector tiene entre las manos, pensamos que sería interesante comprobar el grado de (des)folklorización de los escolares de 1990, y a tal fin preparamos un breve cuestionario que aplicamos a alumnos de 6. º,7. º y 8. º del C. P. “Inmaculada Concepción” y de 3. º de BUP del I. B. “Bachiller Sabuco”, ambos en la capital. Los resultados no han sido tan negativos como temíamos, y han permitido ampliar sustancialmente nuestro corpus de materiales infantiles. Si éstos son abundantes –darían muy bien para un libro mediano-, en contrapartida, como no podía ser menos, las versiones presentan muy pocas variantes entre sí –cuando hay más de una del mismo etnotexto- y con respecto a las de otras provincias: como escribía Menéndez Pidal, “El repertorio infantil es sorprendentemente igual en Madrid o en Buenos Aires o en Manila”, y los mismo podría decirse del propio texto de los romances, canciones, etc. infantiles. Por esa razón, y dado el carácter de este Boletín, limitaremos nuestras referencias bibliográficas a sólo unas cuantas obras escogidas (podríamos citar más, como las de Schindler, Marazuela, Hidalgo, etc.): Cantos, CIE, CMPM, GMatos, CPE, Torner, ALIE, SFem, Celaya, Bravo, Mendoza, Pelegrín, FIC, Corpus y la revista provincial Zahora.
    Lamentamos nuestra carencia de conocimientos musicales, aunque de todos modos no sería éste el lugar adecuado para reproducir las melodías. Por otra parte, nuestra experiencia nos dice que, si es pequeña la variabilidad –la apertura- en las letras de las canciones infantiles, es mucho menor en las músicas, generalmente vulgatas muy extendidas y que a menudo se adaptan a más de una composición.
    En cuanto al espinoso tema de las clasificaciones, existen varias, pero poco convincentes en general, pues en el estudio del folklore de los niños abundan todavía más que en el de los mayores los ignorantes atrevidos que avergüenzan a las linotipias con sus publicaciones, e incluso algunos cobran derechos de autor por adaptar –léase adulterar- creaciones tradicionales que ni siquiera han recogido ellos.
    Volviendo al tema de las clasificaciones, el propio Rodrigo Caro, que ya en el siglo XVI se interesaba por el folklore infantil, pone en boca de uno de sus interlocutores estas juiciosas palabras: “…no sé yo qué orden podemos nosotros tener en la cosa que de su naturaleza no lo tiene”. Pero como de algún modo hay que ordenar los materiales, atendiendo sobre todo a la funcionalidad, estableceremos provisionalmente catorce apartados, la mayoría con subdivisiones, de los cuales sólo podemos tratar aquí, por razones de espacio, los dos primeros (lo que podríamos denominar folklore del bebé y del párvulo, donde éste es mero receptor):

1)      Canciones de cunas o nanas

2)      Juegos de los primeros años

a.      Retahílas y juegos para las mano y los dedos

b.      Para balancear o cabalgar

c.       De cosquillas y risas

d.     Para enseñar a andar

e.      Para curar

 

3)      Cuentos e historias rimadas

a.      Cuentos de animales

b.      Cuentos maravillosos

c.       De chanzas y anécdotas (de nunca acabar, etc.)

4)      Fórmulas mágico-religiosas

a.      Oraciones

b.      Ensalmos o conjuros

5)      Dichos y fórmulas varias

6)      Burlas y disparates                             

a.      Burlas de nombres

b.      Burlas de defectos

c.       Para hacer rabiar

d.     Parodias (de oraciones, etc.)

e.      Coprolalias

f.        Disparates

g.      Verdades de Perogrullo

7)      Trabalenguas y juegos fónicos

a.      Trabalenguas

b.      Juegos fónicos (calambures, etc.)

8)      Retahílas para sortear

a.      Con las manos (señalando, pellizcando o escondiendo)

b.      Con los pies

c.       Para contar señalando

9)      Recitaciones para los juegos

a.      De pelotas, tejas o canicas

b.      Para saltar

c.       Otros juegos

10)   Canciones de juego

a.      De palmas

b.      De comba

c.       De goma

d.     De corro

e.      De dos filas

f.        Otros

11)   Canciones narrativas o recitativas

a.      Canciones

b.      Romances

12)   Canciones estacionales

a.      Villancicos y aguinaldos

b.      De carnaval y otros

13)  Adivinanzas

a.      De partes del cuerpo

b.      De la casa y objetos caseros

c.       De plantas y frutas

d.     Otras

14)  Chistes

     Pasamos ya a desarrollar brevemente los dos primeros apartados, dejando a un lado, por ahora, los aspectos literarios (entre ellos la métrica).

 

I)                   CANCIONES DE CUNA O NANAS

     Son, cronológicamente, los primeros etnotextos o composiciones orales con que toma contacto el niño, si bien a una edad en que todavía no es capaz de retenerlas. Unas son sólo tiernas invitaciones al sueño:
 

Duérmete, mi niño,

duérmete, mi sol,

duérmete, pedazo

de mi corazón.
 

Arrorró, mi niño,

arrorró, mi sol,

arrorró, pedazo

de mi corazón.

 
Cunita, cunita,

cunita se mueve,

cunita, cunita,

el niño se duerme.
 

Duérmete, mi niño,

yo te dormiré

con las campanitas

de Julián José.

 

        A veces hay rasgos de suave humor:
 

Este niño va a dormir

en gracia de la Pastora:

si no duerme este niño,

se duerme la arrulladora.
  

A la nana nanita,

mi niño duerme

con los ojos abiertos

como una liebre.
 

Duérmete, niño,

duérmete ya,

que me duelen las piernas

de tanto bailar.

 

        También se emplea para dormir a los niños una composición infantil que normalmente tiene otro uso:
 

A la una,

la mula;

a las dos,

la coz;

a las tres,

las culás de San Andrés;

a las cuatro,

las uñas de mi gato;

a las cinco,

el gran brinco;

a las seis,

lo que queráis;

a las siete,

Petete;

a las ocho,

Pinocho;

a las nueve,

que llueve;

a las diez,

a acostar a mi bebé.

 

        La que sigue fue vuelta a lo divino, como era de espera por su referencia al padre carpintero:
 

Mi niño tiene sueño

y no tiene cuna:

su padre carpintero

le va a hacer una.

A dormir van las rosas

de los rosales,

a dormir va mi niño

porque ya es tarde.

 

        Para terminar el apartado, veamos varios ejemplos donde se amenaza al niño con algo si no se duerme:   
 

Duérmete, mi niño,

que viene el coco

y se lleva a los niños

que duermen poco.
 

A la nana nanita,

que viene el coco

y se lleva a los niños

que duermen poco.

 Al estribillo,

al estribillo,

que una pulga saltando

rompió un lebrillo.

A la nana nanita…
 

Duérmete,

duérmete, mi chiquitín,

que tu mamá querida

está velando por ti.
 

Duérmete, niño,

duérmete ya,

duerme, que viene la loba

y te comerá.
 

Duérmete, niño, en la cuna,

mira que viene la loba

preguntando por la casa

donde está el niño que llora.

 

II)                JUEGOS DE LOS PRIMEROS AÑOS

 

1)      Retahílas para las manos y los dedos

 
 
Están muy difundidas las que presentan como más tragón al pulgar o dedo gordo:

 

Este se encontró un huevo,

este fue a por leña al bosque,

este puso la sartén al fuego,

este echó el aceite y lo frió

y este gordito todito se lo comió.
 

Este se encontró un huevo,

este lo puso al fuego,

este le echó un poquito de sal,

este lo probó

y este gordito se lo zampó.
 

Este fue a por leña,

este la partió,

este fue a por huevos,

este los frió

y el más chiquitín

se los comió.
 

Este pide pan,

este dice que no hay,

este dice que lo haremos,

este dice que lo amasaremos

y este que nos lo comeremos.

 

 A veces se presenta al mismo dedo como pícaro, o bien como medroso:
 

Este pide pan,

este dice que no hay,

este dice que compremos,

este dice que no nos dan

y el picarillo del gordo

se fue a robar, a robar.
 

Este quería pan,

este que no había,

este que robemos,

este: -No, no.

este: -En la cárcel nos veremos.

 

También es muy conocida esta retahíla:
 

Cinco lobitos tiene la loba,

cinco lobitos detrás de la escoba,

cinco parió, cinco crió,

y a los cinco lobitos los amamantó.

Cinco lobitos tiene la loba,

blancos y negros detrás de la escoba,

cinco parió, cinco crió,

y a los cinco lobitos teta les dio.

 

Hay igualmente fórmulas para jugar escondiendo los dedos
 

Dos palomitas en un palomar

 suben y bajan al pie del altar,

se marchó Pedro, se marchó Juan,

vino Pedro y vino Juan.

 

O poniendo los puños unos encima de otros y metiendo el dedo en el último:
 

-          Pumpuñete, ¿dónde está tu madre?

-          En el horno.

-          ¿Y qué te va a hacer?

-          Un rollo.

-          ¿Me vas a dar?

-          No.

-          Pues te desbarato el horno.

 

Terminamos el apartado con retahílas para enseñar al niño a dar palmas:
 

Palmas, palmita,

higos y castañitas,

almendras y turrón,

qué rica colección.
 

Palmas, palmitas,

que viene papá

y trae un perrito

que dice ”Gua, gua”.

2)      Para balancear o cabalgar

 Se usan con este fin fórmulas procedentes de un juego de esconder dedos:
 

Los macitos del batán

unos vienen y otros van,

el cuchillo carnicero,

¿cuántos dedos tengo en medio?

Recotín, recotán,

Las cabricas del tío Juan,

Cero, cero, ballestero,

¿cuántos dedos hay en medio?

 

Tenemos diversas variedades de esta otra, donde también se aprecia el non sense, que tanto abunda en el folklore infantil:

 

Aserrín, aserrán,

 las maderas de San Juan

piden queso, piden pan,

los de Roque alfondoque

y los del queque alfañique

y los del triqui triquitán.
 

Aserrín, aserrán,

maderito de San Juan

piden pan, no les dan,

piden queso y les dan hueso

y les cortan el pescuezo.
 

Aserrín, aserrán,

maderitas de San Juan,

las del rey sierran bien,

las de la reina también

y las del duque

altruque, letruque, letruque
 

Aserrín, aserrán,

las maderas de San Juan

suben y bajan donde van,

al trote, al trote,

al galope, al galope.

 

Este final también existe en forma independiente:
 

Al paso, al paso, al paso,

al trote, al trote, al trote,

Al galope, al galope, al galope.
 

Son bastante conocidas estas otras fórmulas:
 

Arre, borriquito,

 vamos a Belén,

que mañana es fiesta

y al otro también.

Arre borriquito,

arre, arre, arre,

arre, borriquito,

que llegamos tarde.
 

Pase verbena,

jardín de Cartagena,

los de adelante corren mucho,

los de atrás se quedarán.
 

Caballito blanco,

llévame de aquí,

llévame a mi tierra,

donde yo nací.

-Tengo, tengo, tengo.

-Tú no tienes nada.

- Tengo tres cabritas

en una cabaña.

Una me da leche,

otra me da lana

y otra mantequilla

para la semana.

 

    Terminaremos el apartado con una versión de la conocida fórmula para llevar a un niño sobre las manos entrelazadas de dos personas:

 

A la sillita la reina,

que nunca se peina,

un día se peinó

y cuatro pelos se sacó:

uno, dos, tres y cuatro.

 

3)      De cosquillas y risas

En ocasiones se trata simplemente de hacer reír al niño, a menudo echando mano de lo escatológico
 

Enseña los dientes,

perritos calientes;

enseña la lengua,

Periquito se cagó en ella,
 

Pero normalmente la risa del niño se consigue haciéndole cosquillas en distintas partes del cuerpo mientras se recita alguna fórmula:

 

La buenaventura

 si Dios ta la da,

el pan que te sobra

lo echas pa acá.
 

Si te pica la pulga,

ráscatela.
 

-Misinica, ¿qué comiste?

-Sopicas con leche.

-¿Me guardaste en la pucherica?

-Vino la gatica y se las comió.

-Pues dame tus tetorricas.
 

-Niño, pon

dinerito en el bolsón

para que no se lo lleve ningún ladrón.

Misi misito,

¿Qué has comidito?

-Sopitas con leche.

-Que a mí no me diste.
 

Cuando vayas a la carnicería

le dices al carnicero

que no te corte por aquí

ni por aquí ni por aquí,

sino por aquí, por aquí, por aquí.
 

Mira un pajarito sin cola.

Mamola, mamola, mamola.

 

4)      Para enseñar a andar

         Sólo tenemos esta breve fórmula:
 

Andando, andando,

que la Virgen te va cuidando.

 

5)      Para curar

         También aquí tenemos una sola fórmula, aunque vamos a dar tres variantes de ella para poner punto final:

 

Sana, sana,

culito de rana,

si no sanas hoy,

sanarás mañana.
 

Cura sana, cura sana,

si no se te cura hoy

se te curará mañana.
 

Sana, sana,

culito de manzana,

lo que no se te cure hoy

se te cura mañana.